sábado, 30 de diciembre de 2006

Sóla en la oscuridad, (relato erótico)



Hoy tenía la necesidad de estar con él, en la distancia, pero con él. Lo primero que hizo nada más llegar a casa fue encender el ordenador, mientras se encendía se fue desnudando hasta quedarse únicamente con una camisa roja de mangas largas y un tanga negro. Su larga melena rubia caía como una cascada por los hombros y medio cubría el amplio escote por donde intentaban aparecer dos apretados senos ansiosos de alcanzar su libertad.

La habitación se encontraba parcialmente iluminada, gracias a que la cam disponía de varios led la podían ver perfectamente. Se conectó al chat y esperaba encontrarlo allí ya que no le figuraba como conectado, pero tampoco se encontraba en el chat, aunque si que mantuvo una entretenida charla con los allí presente, pero eso no era lo que necesitaba, la melancolía la embargaba y sólo él podría consolarla.

Los ojos se le iluminaron al escuchar el tintilleo en el monitor que le comunicaba que se conectaba uno de sus contactos, era él, una presión en el vientre, un desahogo al tenerlo allí, en la distancia, pero junto a ella nuevamente.

Inmediatamente conectaron la cam, volvían a verse, rápidamente la conversación viró hasta ser más sensual, mucho más intensa. Empezó a notar como se le endurecían los pezones, como los pechos comenzaban a engrandar, quizás por ello desabrochó un par de botones de la camisa. La oscuridad la envolvía pero los led de la cam se encargaban de darle toda la luminosidad que necesitaba.

A medida que transcurría la conversación, el acaloramiento interno aumentaba significativamente el mercurio de un hipotético termómetro, sintió como le apartaban la frondosa cabellera rubia y le besaban el cuello, mientras leía lo que le decía su amante, ella imaginaba que lo tenía tras de sí, sentía como le pasaba la lengua por el contorno de la oreja, como le chupaba el lóbulo, se lo mordisqueaba, comenzó a rozar las piernas, la excitación iba en aumento, el placer era patente.

A trompicones mantenía la conversación del Messenger, sentía como la rodeaba acariciándole los pechos, hurgándoles los pezones, las piernas ya le temblaban, le costaba mantener la mirada en el monitor, tenía espasmos que eran apreciados por su compañero, él continuaba detallando lo que estaría dispuesto hacerle de estar juntos, pero ella sentía como le acariciaba las piernas desnudas, notaba la humedad de su sexo ardiente.

Se deslizó de la silla, quedó sentada en el borde, apreciaba como unos dedos acariciaban su sexo por encima del tanga, jadeaba y se agarró uno de los pechos liberándolo así de su cautiverio, lo acariciaba, lo aupaba hasta llegar a la boca y mordía el pezón. Sentía como se le separaban los labios vaginales, como le atenazaban el clítoris como si fuese una mordaza, dejó de escribir, se estiró sobre el respaldo de la silla, los jadeos aumentaban, apartó el tanga empapado y hundió sus dedos en la candente vagina.

Tuvo un orgasmo como pocas veces antes había tenido, observó a su amante como la contemplaba perplejo, fue cuando se percató que se encontraba sóla en la oscuridad de la habitación.

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