miércoles, 20 de diciembre de 2006



Hoy volví a tenerte entre mis manos, pero no había ningún sentimiento, tu frialdad se confrontaba con mi distanciamiento.

Cuando más apego sentía por ti, cuando más me preocupaba de tenerte en las mejores condiciones, decidiste hacerme daño, un mal terrible del que no consigo sobreponerme del todo.

Todos te alaban, eres la mejor, la más hermosa, sin embargo tu no quieres a nadie y nadie te importa, aunque te esfuerzas en demostrar lo contrario.

Fui el último en llegar a ti, disfruté como nunca antes había disfrutado, nos acoplamos perfectamente desde el primer instante, juntos parecíamos sólo uno, eras mi compañera, mi complemento, sin ti era menos.

Dejaste de pensar en mí, comenzaste a desear que otras manos te acariciaren, dejé de significar lo que había estando significando hasta entonces. Al percatarte que progresivamente te deseaba más cerca, decidiste alejarte, pero con maldad y para ello me heriste profundamente quizás para que comenzara a odiarte con todas las fuerzas de mi ser.

Hoy he vuelto a tenerte entre mis manos, pero ya no te acariciaba, hoy te tenía entre mis manos con la mayor de las indiferencias…

El accidente se produjo el día 8 de junio de 2.006, sobre las 13’30 horas, justo el día antes de viajar a Barcelona. La evolución es muy favorable, sorprendentemente favorables, pero las secuelas más graves permanecerán en la mente.

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