
Ambos se sentían contentos, relajados charlando muy próximo uno al otro, la conversación a pesar de ser intrascendente era amena, entretenida entre sorbos de bebida y miradas cómplices. Al rato de estar apaciblemente sentados en un sofá escuchando música de fondo mientras hablaban, un conato de incendio se iniciaba en el interior de ellos, los labios parecían ralentizarse al hablar, el subconsciente estaba sobreponiendo el deseo a besarse pareciendo que relegaba las palabras que comenzaban a escucharse como emergiendo del interior de un pozo, o como rebotadas por un lejano eco.
A pesar que el deseo era mutuo, ninguno efectuaba alguna aproximación, para acallar las palabras. Timidez, inseguridad, tranquilidad, acercamiento, imposible saber que pasaba por la mente de esa pareja, lo cierto era que transcurría el tiempo, las bebidas se consumían y continuaban conversando.
Sorpresivamente él se acercó con ímpetu para sellar sus labios a los labios de ella, sus lenguas comenzaron una danza sensual, rítmica, se entrelazaban continuamente de forma frenética, la pasión se desbordaba, una caricia en el pecho que pasa súbitamente a convertirse en agarre, pezones erectos, palpitaciones aceleradas, acaloramiento y las lenguas incansables en un combate sin vencedores ni vencidos, ninguna de las dos cede su intensidad, su apasionamiento y arremeten con ímpetu.
Sordos gemidos, respiración alterada, caricias, agarres, roces, las palabras terminaron por diluirse, tenues gemidos y jadeos era lo que se podía percibir y el beso tardío parecía eternizarse.
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