
… la conversación les aumentaba la libido por momentos, sorprendentemente hablaban de los ingredientes que debían comprar para elaborar el plato con el que la quería sorprender. Condimentos, aceites, mariscos, recorriendo el supermercado se les fue abriendo el apetito, vinos rosados, blancos secos o cava frío para acompañar un plato afrodisíaco de mejillones y langostinos con una salsa lo suficientemente picante y aderezada como para iniciar un fuego interno apartado de los fogones.
Juegos en la cocina, caras manchadas, besos salpimentados, lametazos, chupetones, sorbos sobre la piel. Se cubrieron de excitación y de lujuria, pezones endurecidos dirección al techo, pene entusiasmado, vaho, olores, sabores, música de fondo.
Mientras el guiso reposaba a fuego muy lento, comenzó a elaborar el postre, su compañera lo observaba con ojos lascivos relamiéndose los labios de forma sensual. Se le acercó por la espalda, comenzó a acariciarle el pecho y de improviso le bajó los pantalones, se arrodilló delante de él y comenzó a engullir la porción de carne pétrea y envarada que celosamente guardaba el cocinero.
Espasmos de placer le hacía contraer las piernas derramando la crema que montaba en un bol, mientras tanto ella continuaba absorta embullendo el falo venoso. Pensamientos libidinoso golpeaban la mente de él, la rigidez de las piernas fueron el preludio de la convulsión posterior que le hizo verter su fluido lechoso sobre los labios de ella, pero aún así la pasión no disminuyó.
Despojados de la ropa la tendió sobre la mesa de la cocina mientras le embadurnaba todo el cuerpo con la crema pastelera, espuma de chocolate y restos de merengue que había sobrado. Le separó las piernas y su voraz lengua se adentraba entre los acuosos labios rebañando toda la crema allí depositada. Se embadurnó también él y se ofreció nuevamente a ella para que iniciase una nueva succión, mientras él se posicionó agarrándola tenazmente de los muslos y hundiendo la boca en el sexo fogoso, continuaron así con una glotonería voraz.
Saciados se dirigieron al baño, la visión de la amplia bañera generó nuevos pensamientos voluptuosos, ávidamente la llenaron de agua caliente la luz tenue de una velas perfumadas los mantenía en penumbras, ella recostada sobre él, cubiertos por el agua calida, besos, mordiscos, caricias, tras un rato de relajación, cuando comenzaban a enfriar sus cuerpos, volvió a alzarse el periscopio empujando las nalgas de la chica, que dócilmente se sentó sobre él ahondándolo entre sus piernas.
El guiso afrodisiaco lo consumieron al día siguiente, sobre sus efectos hablaremos en otra ocasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario