
Viejo y decrepito mueres lánguidamente, tras de ti dejas un reguero de jubilo y celebraciones, pero a su vez lamentaciones, dolor, ira… Tu destino es el del archivo del olvido y como si fueras una embarcación de un funeral vikingo, deposito en tu cubierta todos los episodios dolorosos vividos en los días de tu reinado, a todas las personas que han pretendido hacerme daño desconociendo mí valía y poderío, todas las situaciones trágicas y sangrantes, todos los fantasmas que han perturbado mi mente.
Seré yo quién prenda la tea que iniciará el incendio a bordo, seré yo quién cortaré las amarras para que la marea te aleje hasta hacerte desaparecer en los abismos del olvido.
Dioses del mar, de la tierra, del cielo, os invoco para que aunéis vuestras fuerzas, vuestro poderío y haced que surja un año distinto, que la sabia nueva se expanda por doquier. Os invoco para que protejáis a los débiles, los acojáis en vuestro seno y para que dotéis a los sensatos de sabiduría y poder para descabezar a los malignos, a los despiadados.
Os invoco para que todo aquél que intente infligir dolor individual o colectivo, dolor sentimental o físico, se vuelva contra él ese dolor y se consuma en el inframundo. Os invoco para que con el nacimiento del nuevo año diseminéis la razón y así se proteja el don de la naturaleza y poder regenerar savia nueva.
Desde las profundidades de este salado elemento, desde mi palacio de coral os invoco dioses del mar, de la tierra y del cielo.
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