
Los nervios me atenazaban, la timidez me impedía reaccionar, pero pudo más el deseo y conseguí articular las palabras precisas para preguntarle si le satisfacía, llevaba rato esperando que se lo preguntase, lo intuía, estaba convencido que aceptaría de buen agrado mi proposición, lo veía en sus ojos, lo deseaba incluso más que yo, pero me sentía atenazado, una confusión de sentimientos, de deseos y temores pugnaban en mi mente.
Di un trago largo al gin tónic y me armé de valor, ella era cuatro o cinco años mayor que yo aunque no se reflejaba en el tamaño de ambos, eso sí, tenía unos enormes senos, tremendas tetas como esos melones franceses redonditos, había mucho más entusiasmo y ardor en ella que en mí, pero en medio de la penumbra, envueltos en una música armoniosa, mi pensamiento no estaba con ella, la infidelidad de mi pensamiento creo que era evidente, debió suponer que al final me decidí sacarla a bailar por primera vez por un motivo distinto al deseo de bailar con ella.
Mi cuerpo miraba hacia abajo mientras mi mente miraba a unos ojos azules verdosos que junto con una fina nariz y unos perfilados labios constituían una cara angelical, entre una cascada de cabellos ondulados de color anaranjado como los rayos incipientes del sol al amanecer, y un cuerpo de lo más estilizado.
Desde que llegó al instituto ese primer año quedé prendado de ella, quizás porque era un ser único entre el resto de compañeras de clase, creo que hasta entonces no había coincidido con una pelirroja. Su acento delataba que no era malagueña, tampoco andaluza, casi ni española su voz era peculiar al haber permanecido durante años en el Reino Unido.
Elizabeth bailaba a pocos metros de mí, verla fundirse en los brazos de otro me quemaba el alma, no miraba a mi pareja, ni escuchaba la música, tan sólo el rugir de un corazón excitado, convulsionado, creo que por primera vez sentí celos, y…
Anticipadamente y por rebeldía sustituí los libros por un fusil de asalto, mi cazadora de cuero negra por una boina verde, mi instituto por un campamento, la pelirroja de mis sueños por una morena guerrillera, no supe más de ella, por primera vez desde hace muchos años vuelvo a acordarme de aquella primera vez.
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