Engullía los kilómetros, el aire era limpio y salado, el sol incidía sobre el parabrisas proporcionando un calor agradable, la música quizás algo elevada, sobre todo teniendo en cuenta que llevaba las ventanillas subidas, pero me encontraba estupendamente conduciendo por una carretera muy conocida por mí.
Fijé el destino de antemano, pretendía eludir lugares de los que tenía recuerdos agridulces, continuaba escuchando en el mp3 a Antonio Orozco, envuelto en la letra de la canción “Hoy todo va al revés”, fue cuando sentí una atracción desconocida e irresistible me hizo virar y desviarme del camino establecido adentrándome a una de las poblaciones que pretendía eludir. Carecía de voluntad, parecía un autómata, una marioneta en manos de no se bien quién o que, pero me sentía dirigido a pesar de mi resistencia.
Allí me encontraba de nuevo, una sensación inconcebible me cubría por completo a medida que me adentraba en el pueblo. Estaba cambiado, sin embargo mi mente se retrotraía a varios años antes, cuando arribé por primera vez a esa alejada y desconocida localidad cargado de ilusiones, nerviosismos, miedos e incertidumbres. Las piernas cobraron vida propia, el cerebro cedió ante la acometida de una fuerza externa y se dejó llevar nublando la mente, un halo invisible cubría mis ojos.
Dejé de andar exactamente donde ese primer día me detuve y la vi por primera vez en persona, sentada tras una mesa de oficina, absorta en su trabajo, ignorando que la estaba observando tan sólo a un par de metros de ella, se interponía entre nosotros el gran escaparate de vidrio y una estrecha calle. La llamé para comprobar su reacción, observé como se le iluminaba la cara al comprobar que era yo quién la llamaba, la sorpresa que preparé durante días se desvaneció cuando la tuve delante, me tembló la voz, el nerviosismo me delató, entonces giró la cabeza y me vio a escasos metros de ella.
Ya no estaba en aquella mesa, el establecimiento carecía del calor que irradiaba su presencia, el frió se palpaba, por eso me produjo extrañeza haberme detenido precisamente allí. Mis pies giraron y de nuevo comenzaron a andar las piernas, crucé pequeñas callejuelas hasta desembocar en una calle que me era conocida a pesar de que conocía parcialmente el pueblo. Anduve por dicha vía, estaba bastante ambientada y con el transcurrir de los pasos, de los metros avanzados, se me hacía clarividente que esa fue la calle por donde paseé esa inicial jornada dejando transcurrir el mientras la esperaba, ¿pero porqué había vuelto allí, porque me incitaba visitar los comercios donde entré aquel día, que fuerza diabólica era esa que me nublaba la vista y me hacía recordar lo que deseaba olvidar?
Tardé en comprender que se trataba de otra burla más del destino, una mofa quizás más cruel que la primera que hizo que llegase allí por primera vez cargado de sueños, ilusiones y fantasías. En esta ocasión el cruel destino pretendía que desandase el camino que un lejano día me hizo dar, ¿pero como puedo deshacer los pasos dados?
Para mayor crueldad consintió que recuperase parcialmente la percepción de lo que me estaba ocurriendo, permitió con saña que mi corazón se compungiera, sus zarpas invisibles volvieron a desgarrar un corazón maltrecho y me convencí que de tener rostro el destino debería tener un semblante sanguinario ya que parecía disfrutar con mi tortura.
Ignoro si habrá conseguido que desandase el camino recorrido, si mis nuevos pasos eliminaran los que plasmé antaño en un apartado pueblo, o hacia donde se dirigirán mis cansadas pisadas….
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