martes, 21 de noviembre de 2006

Sólos en la habitación, (relato erótico)



Aún no había despuntado el alba, la madrugada era fría y lluviosa, él se despertó y distinguió el contorno de su pareja entre los flaches que producían los relámpagos cada vez más continuos, quedó observando el pecho semioculto por la sabana y mantas que ella le mostraba desde lo más profundo de sus sueños.
Comenzó a soplar viento que hacía estrellar contra el cristal las gotas de agua produciendo un ruido ciertamente acogedor, confortable porque animaba a permanecer bajo las mantas al abrigo del frío, aunque él no volvió a quedarse dormido, se aproximó a ella quedando tumbado de costado y comenzó acariciarle los cabellos con una mano, mientras que con la otra acariciaba con delicadeza ese pecho emergente.
La chica pareció estremecerse con las caricias, al rozar con los dedos el pezón, lo sintió entumecerse y continuó esta vez besándole con suavidad los labios entreabiertos, los pechos tersos y su mano se deslizó hacia el sexo mientras escuchaba tenues jadeos de ella a pesar que continuaba dormida.
Encontró las piernas ligeramente abiertas y al ahondar con sus dedos en la vagina, la notó húmeda, en ningún momento incrementó las caricias, prosiguió con una pausada calma acariciándole el clítoris, las piernas continuaron abriéndose mientras los jadeos iban en aumento.
Transcurridos unos minutos se acopló a ella con el mayor cuidado y delicadeza y comenzó a penetrarla lentamente, muy lentamente, mientras le sellaba los labios con los suyos, aún así, emanó de ella un grito ahogado de placer, y él continuaba penetrándola lentamente, muy lentamente.
De pronto sintió las uñas de ella clavarse como dardos en su espalda, los jadeos alcanzaron una sonoridad respetable que se confundían con algún que otro tenue grito de placer, el resplandor de los relámpagos dibujaba sus figuras formando un solo cuerpo en la oscuridad de la habitación.
Obtuvieron un orgasmo y entrelazados uno con el otro volvieron a dormir, la lluvia continuaba cayendo, el viento no dejaba de soplar, el frío se dejaba notar y el alba no terminaba de despuntar.

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