
Esta es la canción de las noches perdidas, las noches que queman como el gas azul de los mecheros, ¿como no imaginarte, como no recordarte?, si hace apenas dos años eras la princesa de la boca de fresa, es ahora cuando te recuerdo ya que sueño de noche y duermo de día.
Por ti quemé mis naves y algo más, le vendí mi alma a Satanás, aprendí a vivir sobre la línea divisoria que va del tedio a la pasión. Con ella descubrí que hay amores que duran lo que dura un corto invierno, cuando viajaba en sueños lo hacía sin mí y cada vez que se aburría daba un salto mortal.
Ocurrió una noche cualquiera, puede ser que fuera trece, que más da, pudiera ser que fuera martes, el reloj marcaba la hora de los locos de atar, la hora del atraco y la pasión, la hora en la que se afeita el violador, ¿qué sucedió?, acabamos jugando desnudos sobre el parquet, saciando mi sed de lujuria con el agua que manaba de su oscuro manantial de pecado.
Me pidió que la llevara al fin del mundo, bien, pero con una condición contesté, que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata, fue cuando me dije, “chaval, te estas enamorando”, pensé que ser valiente no salía tan caro y ser cobarde no merece la pena.
Me susurró la ilusión que tenía para que todas las noches fuesen noches de boda, yo deseé que todas las lunas fuesen lunas de miel, y aunque sé que no era la más guapa del mundo, juro que era la más guapa que cualquiera. La belleza es un rabo de nube que sube de dos en dos las escaleras y ella era un barril de cerveza que mata de sed, un melón con pezón de sandía, un contigo al revés.
Desnuda se sentía igual que un pez en el agua, vestirla era peor que amortajarla, nadie vio nunca una sirena desnuda en un balcón, ni escuchó cantos de sirena en el mar Muerto.
Pero al loro, que el destino es un maricón sin decoro, te da champán y después chinchón, volví a besarla otra vez, pero ya no era ayer sino mañana y un insolente sol como un ladrón entró por la ventana, supe que ayer quiso matarme, la mujer de mi vida apretaba el gatillo…cuando se despertó una lágrima salada con sabor a mermelada de ternura se deslizó por su rostro, y fue cuando me dijo hola y adiós. Se borraron las pisadas, se apagaron los latidos, lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, y es que hay mujeres capaces de hacerme perder la razón y ella es una mujer fatal.
Tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches, aunque todos los días tengo recaidas y aunque quisiera olvidarla no se me olvida estando aquí en el cuarto donde aquella vez le quitaba la ropa, en el número 7, calle Melancolía, sigo aquí, aún no me he mudado al barrio de la alegría.
Un amigo la vio donde habita el olvido, fui tras ella como gato en celo patrullando la ciudad, torpe como un suicida sin vocación, mordiendo las esquinas de esta ciudad impía que se llena de largas noches, anduve por las calles que va sólo el corazón, furtivo como el Lute cuando era el Lute y con el anhelo que se mojaran las balas, que los que matan se muriesen de miedo, me adentré por el boulevard de los sueños rotos luciendo tatuajes.
En un local de moda tropecé con unos borrachos que volvían a su hogar con dos copas de más, ¡no os paséis con la ley, dímelo en la calle!, le dije que se yo a quién. Mientras discutía se acercó el hombre del traje gris y sacando un calendario del bolsillo me preguntó si sabía quién le había robado el mes de abril que guardaba en el cajón donde guardaba también el corazón.
Fue entonces cuando comprendí que el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren, entonces me fijé en otros ojos y me olvidé de su mirada, me coloqué el cartel de libre en la solapa había vuelto a ser un guapo entre las guapas.
De vuelta a casa, buscaba en la frecuencia modulada de la radio del coche, en el dial 69.9 escuché una canción que decía algo como …de noche nunca cierres tu balcón, puede ser que se anime algún ladrón a desvalijarte un poco el corazón...
Confío que a Joaquín Sabina no le de por pleitear al haberle hurtado todas las frases de sus canciones para poder configurar este relato. Las canciones utilizadas son: Con un par, Y nos dieron las 10, Noches de boda, 19 días y 500 noches, La canción de las noches perdidas, Más guapa que cualquiera, Besos de Judas, Amores eternos, Mónica, Esta boca es mía, Princesa, Contigo, Ahora que, Donde habita el olvido, Eva tomando el sol, Besos en la frente, Juegos de azar, Los perros del amanecer, Que se llama Soledad, Así estoy sin ti, Pacto entre caballeros, No permita la virgen, Vamonos p’al sur, Como dolor de muelas, 69.9, Peces de ciudad, Camas vacías, Por el boulevard de los sueños rotos, Incluso en estos tiempos y Esta noche contigo.
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