
Son muchos los años que han transcurrido, la única esperanza que me queda es que aún sigas acordándote de mí, que mi imagen no te sea borrosa y que aún no la tengas olvidada, que al recibir esta carta, consiga retraerte a los años jubilosos que pasamos juntos. Es cierto que ha pasado bastante tiempo, que desde mi último adiós no volviste a saber de mí, me desvanecí por completo para obligarte a olvidarme, si amor mío, hoy puedo decirte que mi marcha fue por amor, por el inmenso amor que sentía por ti, por un amor prohibido, un amor utópico que ansiaba hacer realidad sin darme cuenta que únicamente estaba minando tu compañía.
Las promesas que nos hacíamos de permanecer siempre juntos dejaron de tener fundamento cuando veía decrepitarse ese enamoramiento que nos hacía aparentar la pareja más feliz sobre la faz de la tierra. Te observaba en silencio cuando tu me creías distraído, comprobaba como el brillo de la pasión se consumía en tus ojos, la monotonía se instaló en nosotros y no supimos, o no pudimos combatirla, simplemente nos fuimos entregando a ella, llegando incluso a generar indiferencia.
Siempre supe que me amabas y que te sentías correspondida por mis sentimientos, pero quizás yo era quién mejor comprendía que me estaba convirtiendo en un lastre para tu felicidad.
Siempre me lo negaste cuando te lo preguntaba, sellabas mis labios con un encendido beso, pero era consciente que tenías toda una vida por delante para disfrutarla, para gozar de ella y conmigo se te estaba coartando.
La última noche que pasamos juntos no pude dormir, tampoco deseaba hacerlo, tras hacerte el amor apasionadamente, conseguí dejarte dormida entre caricias y besos, me senté junto a ti, me cogías la mano, ignoro que estarías soñando, pero daba la impresión que contemplabas mi partida en el limbo de tu sueño. Apretabas tenazmente mi mano, parecía como si quisieras retenerme para que olvidara mis propósitos. No dejé un solo instante de acariciarte el cabello, mis labios recorrieron los tuyos, tu mejilla tu mejilla, quería impregnarme de ti, de tu aroma, de tu esencia.
Alguna que otra lagrima vertida humedeció tu rostro, pero tu seguías dormida, profundamente dormida. Te hablé y a pesar que no me escuchabas tus labios dibujaban una sonrisa, me hiciste reír, quise atenazarte entre mis brazos, adentrarte en mí, pero eso hubiera significado haberte despertado y quise tener grabada en mi memoria tu imagen serena mientras dormía, aquella imagen que tantas y tantas noches me robó horas de sueño al embobarme contemplándola.
Aún no había amanecido, comenzaba a despuntar el día, con delicadeza aparté tu mano de la mía, te besé en los labios, te aseguro que fue el beso más apasionado, pero a su vez el más amargo que había dado y que posteriormente di en la vida. Sobre el espejo del cuarto de baño dejé escrito con tu lápiz de labios, “adiós amor mío, no olvides de soñar, gracias por devolverme la juventud, gracias por darme vida…”
Obvié tus llamadas, rechacé tus mensajes, desde entonces estuve descorazonado, porque el corazón se me deshizo en multitud de particiones. En ocasiones la melancolía era tan grande, tan pertinaz que deseé recapacitar mi decisión, ansiaba tus caricias, necesitaba tus besos, anhelaba tu mirada, pero era consciente que no podía desandar lo avanzado. Cesaron tus llamadas, jamás volví a recibir un mensaje y así fueron trascurriendo mis días, subsistiendo sin ti, pero con la ilusión de que mi sacrificio significase tu felicidad y aunque salí completamente de ti, tu imagen, el recuerdo de tus caricias, el sabor de tus besos, el timbre de tu voz me ha acompañado hasta el día de hoy.
Hoy debes ser la más hermosas de todas las abuelas, tu belleza ha de ser perenne, no debió marchitarse, al volver a escribirte después de todos estos años, continúo viéndote igual de lozana y hermosa, la más bella entre las bellas, mi visión vidriosa no es óbice para continuar contemplándote así.
No pretendo tu perdón, mucho menos tu consternación, siquiera tu comprensión, pero necesitaba desahogar mi alma o quizás sea mi conciencia.
Amor mío, esta vez si que mi despedida será definitiva, mi declive es extenso, he sacado fuerzas de flaqueza para poder escribirte esta última carta, para revelarte que sacrifiqué mi felicidad por hacerte dichosa y significarte que no pasó ni un solo día en todos estos años que te hayas alejado de mí, te he llevado siempre en el corazón.
Te quiero como siempre te he querido.
Tuyo para siempre……..
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