miércoles, 15 de noviembre de 2006

Mordisco (relato erótico)


… progresivamente aumentaban los jadeos, se encontraba de rodillas al filo de la cama, apoyada en los antebrazos, ofreciéndole enteramente todo su sexo, su ano. Agarraba con fuerza la sabana que cubría la cama, giraba la cabeza como una posesa cuando el placer se incrementó, él continuaba penetrándola lenta y pausadamente, enloquecía al sentir aquel grueso y duro miembro ahondar dentro de ella a esa velocidad, cuando lo extraía completamente para inmediatamente volver a adentrarse en su caliente y mojada vagina.
El sudor cubría la espalda, algunos cabellos se esparcían por la cama al desprenderse de la cabellera tras las violentas sacudida de la cabeza, los dedos de él le presionaban la cadera, el placer era sublime, casi sin darse cuenta comenzó su segundo orgasmo, fue cuando sintió como le abofeteaba las nalgas, para nada decreció el gozo, todo lo contrario, se incrementó.
Rapidísimamente la giró quedando tumbada boca arriba, le dobló las piernas llegando a unir los cuadriceps con los pechos, le agarró con firmeza las piernas y la arrastró hacia él, volviendo a penetrarla, esta vez con más vigorosidad, los gemidos y gritos se confundían, un nuevo orgasmo se acercaba, las uñas se las clavó en la espalda sin que él interrumpiese la penetración, aumentaba la velocidad, se inclinó más sobre ella hasta alcanzar con su boca su cuello, y mordió, ella agarró le agarró con violencia los cabellos, mientras él le apresaba con más tenacidad el cuello, los jadeos de ella se confundían con un único grito, “sigue mordiendo, no pares”.
El semen caliente se desparramó por el bajo vientre.

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