
Se fijó en mi cuando ya blanqueaban mis sienes, cuando el transcurrir de los años parecía inviable que eso ocurriera, pero no fue así y sin darme cuenta, sin un motivo aparente se fue introduciendo en mí, a pesar de mis desaires, de mis desmanes, continuaba adentrándose en mí, ansiaba poseer mi cuerpo, someter mi voluntad.
Cuando me di cuenta quise poner remedio, intenté ahuyentarla fracasando estrepitosamente en el intento, únicamente conseguí apaciguarla, que no se obsesionara pertinazmente conmigo, pero volvió, volvía siempre que le antojaba, ni los muros que construía para aislarla bastaba, ni las alambradas espinosas la paraban, incansantemente me deseaba, se protegía, se municionaba, se engrandecía y allí siempre estaba.
Aprendí a convivir con ella más otra cosa no me quedaba, me sentía indefenso ante una amenaza anunciada, accedió a darme márgenes de libertad, y en esos momentos era cuando de ella me libraba, pero cuando la dicha era más grande, siempre amenazante se dejaba ver, sentir, palpar para que no me mal acostumbrara.
Hoy la tengo sobre mí, fuertemente me atenaza,….., imposible concluir, he de ir a tomarme el jarabe, quizás un caramelo limonado, esta tos maldita, de mi no se separa.
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