jueves, 30 de noviembre de 2006

Hoy, ná de ná



Hoy tengo uno de esos días tontos que se tienen de vez en cuando, los hay también que los tienen habitualmente y otros resulta que son gilipollas desde que lo parió madre, (la suya claro), pero vamos hoy me molesta todo, quizás hasta me molesto yo mismo, hoy paso de halagos, criticas, objeciones, charlas, escritos, y demás zarandajas, no quiero ná de ná.
Hoy me sentí un sumiso de mierda, (pido perdón a los sumisos/as, pero entre los colegas nos llamamos así cuando estamos obligados hacer por cojones lo que no deseamos hacer), pero bueno para desquitarme me largué al Corte Ingles y me he dejado una pasta, en ropa y zapatos, bueno habrá quién lo llame un pastón, pero ole mis cohones, claro que ha sido a costa de los que me han hecho sentirme así, que han sido los que han acoquináo.
La mona, mejor dicho el mono en este caso, seguirá siendo mono aún vestido de seda, pero al menos tendrá seda reluciente y antes de las rebajas.
Espero que esto sea transitorio y que los efectos desaparezcan en pocas horas, porque si no me veo saliendo de aquí a patadas, claro que no debí daros ideas porque no me extrañaría que ya tengáis más de uno y de una el empeine preparado para darme un puntapié.
Del puntapié a esto han pasado un par de horas y lo que son las cosas, todo ha cambiado para bien, me han alegrado la noche y contentísimo que estoy, vamos que me veo hasta guapo, así que paso de enrollarme más y me las piro, soñar no cuesta dinero, así que cuando los y las que tienen el empeine ejercitado, Morfeo os abrace, soñad con no volver a leer nada más de este príncipe, termino que me llaman, joder que insistencia…..

¡ SORPRESA...!, (relato erótico)



El reencuentro fue radicalmente contrario a cualquier encuentro anterior. La calidez y el entusiasmo con el que lo esperaba ella contrastaba con la frialdad y apatía con la que llegó él del viaje, a pesar que hacía varios meses que no estaban juntos. La conversación que mantuvieron apenas unas horas antes de emprender el vuelo, no hacía presagiar esa tirantez insólita por parte de él al encontrarse con la persona amada.
Aquella noche habían estado gozando el uno del otro a pesar de la distancia que los separaba, el deseo irrefrenable de ambos consiguió que se fuese calentando paulatinamente la conversación, fluyendo del interior de cada uno un fuego que tan sólo fue capaz de sofocarlo la masturbación.
Se encontraba perpleja y contrariada al observar la actitud de él, le preguntó si le había ocurrido algo durante el vuelo, o en los distintos aeropuertos por donde pasó, él se limitó a negar que pasase algo, pero sus palabras eran exiguas y denotaban poca sinceridad.
El trayecto en coche hasta el alojamiento elegido fue completamente atípico, las continuas caricias y carantoñas habituales cada vez que se encontraban y viajaban juntos en coche, se limitaban a las que ella le proporcionaba, esa frialdad ocasionó la irritabilidad de la chica.
- ¿Pero que cojones te pasa hoy?, le vociferó una vez se encontraron en el apartamento y comprobó que la fogosidad que mostraba siempre que se reunían que apenas si les daba tiempo a depositar las maletas porque se ponían a follar de una forma frenética, ese día sólo había distanciamiento.
- Toda la pasión el deseo de mí que tenías anoche, la excitación que te provocaba, ¿ que han sido de ellas?, ni te acercas a mí, ni permites que yo lo haga.
Apenas la miraba, tenía la mirada pérdida en la ventana y susurró que se encontraba muy cansado, ya follarían durante el fin de semana que iban a pasar juntos.
El rostro de la chica se encendió como el fuego de una chimenea, apresuradamente se dirigió al cuarto de baño, cerró la puerta dando un portazo y desde allí le vociferó que hubiese preferido que cancelara el viaje y la hubiese dejado plantada en el aeropuerto, le había jodido el fin de semana y acababa de iniciarlo.
Ni se inmutó por los gritos que provenían del cuarto de baño, de la maleta sacó una botella de ginebra Bombay Saphyre que compró al desembarcar, así como una cestita con limones, del mini bar cogió una tónica, cortó una rodaja de limón, exprimió unas gotas también en el interior del vaso y se preparó un gin tónic, se cambió el tejano por un pantalón corto, puso en el tdt en el canal 40 latinos y se sentó placidamente a ver y escuchar video clips con una sarcástica y maliciosa sonrisa.
Saboreo el último trago del gin tónic y entró en el cuarto de baño donde se encontró a la chica sentada sobre la tapa del inodoro, ella ni lo miraba y era más que patente la ira que sentía, se acercó, quiso acariciarle la cabeza, pero le apartó la mano violentamente, volvió a intentarlo nuevamente y esta vez se aproximó para besarla, con furia lo empujó apartándolo de ella, y como si hubiese sido proyectada por un resorte, se levantó del improvisado asiento y salió del baño, únicamente llevaba puesta la camiseta que le regaló meses antes y que tanto le gustaba, un diminuto tanga negro asomaba por debajo de la camiseta.
Enfadadísima se dirigió a la habitación, al cruzar el dintel, sintió una fuerte sacudida del cabello, le había cogido un gran manojo de pelo, lo agarró con fuerza y la arrastró hacia él, mientras la increpaba llamándola ¡PUTA!, le voceaba que era su zorra y que en ese momento era cuando le apetecía follarla, ella se volvió encolerizada e intentó abofetearle en la cara y le lanzó varias patadas mientras le espetaba que era un hijo de puta.
La arrastró hacia la cama y la arrojó violentamente para abalanzarse sobre ella como una alimaña, la aprisionó por las caderas con sus piernas. Le despedazó la camiseta desde el cuello debido a los bruscos tirones que le dió, una vez rota afloraron los majestuosos pechos de la chica. Se inclinó hacia ella esquivando sus golpes y tarascadas para chupar los turgentes pechos y morder con saña los pezones, a pesar de la defensa de ella golpeándole y arañándole con ira la cara, tan sólo consiguió excitarlo aún más de lo que estaba, haciendo estéril todos sus intentos por librarse de él.
Desabrochó el pantalón, no llevaba ropa interior, su excitación era latente, la erección que sentía era poderosísima, siempre había disfrutado al máximo follando con ella, pensaba que era la lujuria convertida en mujer, pero ese día su fogosidad no tenía parangón. Con brutalidad le tiró del tanga desgarrándole la escasa tela que lo formaba y le aproximó el falo impetuoso, ella continuaba forcejeando para no ser penetrada, pero fue inútil, la penetró violentamente al tiempo que con una mano le tapaba la boca y le hacía girar el cuello para así mordérselo, consiguiendo dejarle marcada toda la dentadura.
Llevaba un rato follándola cuando repentinamente se detuvo, no se había corrido, aún así se separó de ella. Al sentirse liberada arreció sus golpes, gritos e insultos hacia él. Se dejó golpear con pasividad, denotando cierta sumisión por lo que no intentó detenerla ni esquivar los golpes. Levemente desahogada, le preguntó entre sollozos como había sido capaz de hacerle eso, amándola como siempre le decía amarla, como había podido violarla.
Sentado a su lado y visiblemente emocionado, se resistía a mirarla, se encontraba apesadumbrado, abatido, deseaba acariciarla, pero ni hizo el amago de acercarse, le comentó que toda la irascibilidad con lo que lo había encontrado era un montaje, todo mentira, sufrió lo indecible por controlarse y no lanzarse sobre ella y devorarla a besos nada más verla, pero se concienció para poder obsequiarla en esta visita con una sorpresa, quiso hacer realidad la única fantasía que siempre se había resistido a realizar. El sexo para ellos no tenía misterios, gozaban haciendo realidad cualquier fantasía, experimentaban con cualquier juego o juguete sexual, el sexo era un pilar fundamental en su relación, pero aún así, siempre fue remiso a representar una violación a pesar que ella se lo insinuaba en repetidas ocasiones.
Se levantó de la cama cabizbajo, de la maleta extrajo un ramo de rosas de su color preferido y una camiseta exactamente igual a la que minutos antes le había destrozado.
Se aproximó a ella, se disculpó por el mal rato que le hizo pasar y le susurró que a diferencia que todas las veces que le llevaba cualquier regalo, esta vez decidió sorprenderla así, idealizando una fantasía que deseaba hacer realidad con él.
El fin de semana fue demasiado corto como de costumbre…


Aunque soy consciente que es una utopía, ojalá ninguna mujer vuelva a ser ultrajada, vejada, humillada o agredida. Todos los juegos son validos con el consentimiento de ambos, con la complicidad mutua, el sexo es un mundo que no está totalmente explorado donde tiene cabida todo, siempre que sea entre adultos y de mutuo acuerdo entre las partes, de ese modo los dos disfrutarán, se excitarán y gozaran por igual…

Namor

martes, 28 de noviembre de 2006

Carta desde el olvido



Son muchos los años que han transcurrido, la única esperanza que me queda es que aún sigas acordándote de mí, que mi imagen no te sea borrosa y que aún no la tengas olvidada, que al recibir esta carta, consiga retraerte a los años jubilosos que pasamos juntos. Es cierto que ha pasado bastante tiempo, que desde mi último adiós no volviste a saber de mí, me desvanecí por completo para obligarte a olvidarme, si amor mío, hoy puedo decirte que mi marcha fue por amor, por el inmenso amor que sentía por ti, por un amor prohibido, un amor utópico que ansiaba hacer realidad sin darme cuenta que únicamente estaba minando tu compañía.
Las promesas que nos hacíamos de permanecer siempre juntos dejaron de tener fundamento cuando veía decrepitarse ese enamoramiento que nos hacía aparentar la pareja más feliz sobre la faz de la tierra. Te observaba en silencio cuando tu me creías distraído, comprobaba como el brillo de la pasión se consumía en tus ojos, la monotonía se instaló en nosotros y no supimos, o no pudimos combatirla, simplemente nos fuimos entregando a ella, llegando incluso a generar indiferencia.
Siempre supe que me amabas y que te sentías correspondida por mis sentimientos, pero quizás yo era quién mejor comprendía que me estaba convirtiendo en un lastre para tu felicidad.
Siempre me lo negaste cuando te lo preguntaba, sellabas mis labios con un encendido beso, pero era consciente que tenías toda una vida por delante para disfrutarla, para gozar de ella y conmigo se te estaba coartando.
La última noche que pasamos juntos no pude dormir, tampoco deseaba hacerlo, tras hacerte el amor apasionadamente, conseguí dejarte dormida entre caricias y besos, me senté junto a ti, me cogías la mano, ignoro que estarías soñando, pero daba la impresión que contemplabas mi partida en el limbo de tu sueño. Apretabas tenazmente mi mano, parecía como si quisieras retenerme para que olvidara mis propósitos. No dejé un solo instante de acariciarte el cabello, mis labios recorrieron los tuyos, tu mejilla tu mejilla, quería impregnarme de ti, de tu aroma, de tu esencia.
Alguna que otra lagrima vertida humedeció tu rostro, pero tu seguías dormida, profundamente dormida. Te hablé y a pesar que no me escuchabas tus labios dibujaban una sonrisa, me hiciste reír, quise atenazarte entre mis brazos, adentrarte en mí, pero eso hubiera significado haberte despertado y quise tener grabada en mi memoria tu imagen serena mientras dormía, aquella imagen que tantas y tantas noches me robó horas de sueño al embobarme contemplándola.
Aún no había amanecido, comenzaba a despuntar el día, con delicadeza aparté tu mano de la mía, te besé en los labios, te aseguro que fue el beso más apasionado, pero a su vez el más amargo que había dado y que posteriormente di en la vida. Sobre el espejo del cuarto de baño dejé escrito con tu lápiz de labios, “adiós amor mío, no olvides de soñar, gracias por devolverme la juventud, gracias por darme vida…”
Obvié tus llamadas, rechacé tus mensajes, desde entonces estuve descorazonado, porque el corazón se me deshizo en multitud de particiones. En ocasiones la melancolía era tan grande, tan pertinaz que deseé recapacitar mi decisión, ansiaba tus caricias, necesitaba tus besos, anhelaba tu mirada, pero era consciente que no podía desandar lo avanzado. Cesaron tus llamadas, jamás volví a recibir un mensaje y así fueron trascurriendo mis días, subsistiendo sin ti, pero con la ilusión de que mi sacrificio significase tu felicidad y aunque salí completamente de ti, tu imagen, el recuerdo de tus caricias, el sabor de tus besos, el timbre de tu voz me ha acompañado hasta el día de hoy.
Hoy debes ser la más hermosas de todas las abuelas, tu belleza ha de ser perenne, no debió marchitarse, al volver a escribirte después de todos estos años, continúo viéndote igual de lozana y hermosa, la más bella entre las bellas, mi visión vidriosa no es óbice para continuar contemplándote así.
No pretendo tu perdón, mucho menos tu consternación, siquiera tu comprensión, pero necesitaba desahogar mi alma o quizás sea mi conciencia.
Amor mío, esta vez si que mi despedida será definitiva, mi declive es extenso, he sacado fuerzas de flaqueza para poder escribirte esta última carta, para revelarte que sacrifiqué mi felicidad por hacerte dichosa y significarte que no pasó ni un solo día en todos estos años que te hayas alejado de mí, te he llevado siempre en el corazón.
Te quiero como siempre te he querido.

Tuyo para siempre……..

Sobre la cubierta, (relato erótico)



…Suaves ondulaciones del mar mecía el pequeño velero fondeado frente a una cala de aguas cristalinas, soplaba una brisa refrescante que hacía soportable el tórrido calor sobre la cubierta.
Él la observaba de pie apoyada sobre el timón, un grumete de piernas bien torneadas, escultural cuerpo de piel bronceada y unos turgentes pechos desnudos.
Al recibir salpicaduras de agua lanzadas por pequeñas rachas de viento, contoneaba lascivamente el cuerpo y eso a él le excitaba, ignoro si presintió o se percató de la fogosidad que le estaba provocando, pero incrementó el contoneo brindándole la majestuosidad de un culo compacto y escasamente oculto por un diminuto tanga.
Se aproximó a ella con un trozo de hielo de forma cilíndrica, lo apoyó en su cuello y deslizándolo por la espalda, lo sumergió entre las nalgas hasta alojarlo en el candente sexo provocándole un estremecimiento.
Se acuclilló tras ella, le apartó el ínfimo triangulo de tela, le acercó la cara e inició el recorrido inverso al trozo de hielo. Ella se aferraba frenéticamente al timón de la embarcación, los vellos se le erizaban por la excitación. Inesperadamente sintió un tirón de su salvaje melena al tiempo que un rígido mástil abordaba su gruta oscura.
Entre escalofríos y jadeos, horadaba aquella abertura angosta, se adentraba pausadamente por el interior de una gruta comprimida y ardorosa.
Con saña se aferro a sus caderas, más que dedos parecían zarpas lo que atenazaban las nalgas. Cada extracción se combinaba con una bofetada y al enrojecerse el glúteo significaba una extraña mezcla de deleite y angustia, un torrente de placer y la pretensión que aquello no tuviese fin.
Gemidos, gritos ahogados de complacencia, un tsunami lascivo, lujurioso incluso obsceno de placer y sexo se desarrollaba sobre la cubierta de aquel pequeño velero…

¿Porqué?



No me percaté, no tenía porqué, pero una mirada de soslayo al pequeño calendario que andaba olvidado en un cajón y una punzada de frío acero me atravesó el estomago, sentí el corazón atenazado, compungido, pero ¿porqué?...
Aprendí a relativizar el tiempo, imaginaba que el accidente fue una señal, otra burla más que me brindaba el destino y que me daba la impresión que desde hacía unos años me había escogido como víctima propicia de su chanza, desde ese momento me desprendí y descuidé cualquier tipo de medición del tiempo, amanecía, se iniciaba un nuevo día, actividad, oscurecía, llegaba el ocaso descanso, así pasaba los días, las semanas, los meses…
Siendo uno de los días del calendario, habría de llegar a él ineludible e inexorablemente para poder avanzar a una nueva jornada.
Mes significativo y rememorado, pero no debería significar más, ya no, por eso desconocía si alcanzábamos el 20 o superábamos el 25, pero se produjo esa mirada torticera al cajón del escritorio, pero ¿porqué?...
Pregunto, más no recibo respuesta alguna, mis oídos y mi cerebro tan sólo recogen la melodía armoniosa que está sonando en el reproductor del mp3.
¿Quizás es obra el mismísimo cerebro que se ha revelado contra mí, ordenando a la vista que afiance los ojos en ese pequeño rectángulo acartonado, tal vez el revolucionario haya sido el corazón traicionero que en un fugaz golpe de mano ha derrocado a la mente?, sea quién fuere sigo preguntando ¿porqué?...
Escasas aspas negras ocultan los números de este pequeño calendario, demasiados días inmaculados, tan sólo un círculo rojo sobre el día 28, para el próximo año quizás prescinda de calendario, ¿porqué he de tener uno nuevo guardado?...

lunes, 27 de noviembre de 2006

Fraseando a Joaquín



Esta es la canción de las noches perdidas, las noches que queman como el gas azul de los mecheros, ¿como no imaginarte, como no recordarte?, si hace apenas dos años eras la princesa de la boca de fresa, es ahora cuando te recuerdo ya que sueño de noche y duermo de día.
Por ti quemé mis naves y algo más, le vendí mi alma a Satanás, aprendí a vivir sobre la línea divisoria que va del tedio a la pasión. Con ella descubrí que hay amores que duran lo que dura un corto invierno, cuando viajaba en sueños lo hacía sin mí y cada vez que se aburría daba un salto mortal.
Ocurrió una noche cualquiera, puede ser que fuera trece, que más da, pudiera ser que fuera martes, el reloj marcaba la hora de los locos de atar, la hora del atraco y la pasión, la hora en la que se afeita el violador, ¿qué sucedió?, acabamos jugando desnudos sobre el parquet, saciando mi sed de lujuria con el agua que manaba de su oscuro manantial de pecado.
Me pidió que la llevara al fin del mundo, bien, pero con una condición contesté, que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata, fue cuando me dije, “chaval, te estas enamorando”, pensé que ser valiente no salía tan caro y ser cobarde no merece la pena.
Me susurró la ilusión que tenía para que todas las noches fuesen noches de boda, yo deseé que todas las lunas fuesen lunas de miel, y aunque sé que no era la más guapa del mundo, juro que era la más guapa que cualquiera. La belleza es un rabo de nube que sube de dos en dos las escaleras y ella era un barril de cerveza que mata de sed, un melón con pezón de sandía, un contigo al revés.
Desnuda se sentía igual que un pez en el agua, vestirla era peor que amortajarla, nadie vio nunca una sirena desnuda en un balcón, ni escuchó cantos de sirena en el mar Muerto.
Pero al loro, que el destino es un maricón sin decoro, te da champán y después chinchón, volví a besarla otra vez, pero ya no era ayer sino mañana y un insolente sol como un ladrón entró por la ventana, supe que ayer quiso matarme, la mujer de mi vida apretaba el gatillo…cuando se despertó una lágrima salada con sabor a mermelada de ternura se deslizó por su rostro, y fue cuando me dijo hola y adiós. Se borraron las pisadas, se apagaron los latidos, lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, y es que hay mujeres capaces de hacerme perder la razón y ella es una mujer fatal.
Tardé en aprender a olvidarla 19 días y 500 noches, aunque todos los días tengo recaidas y aunque quisiera olvidarla no se me olvida estando aquí en el cuarto donde aquella vez le quitaba la ropa, en el número 7, calle Melancolía, sigo aquí, aún no me he mudado al barrio de la alegría.
Un amigo la vio donde habita el olvido, fui tras ella como gato en celo patrullando la ciudad, torpe como un suicida sin vocación, mordiendo las esquinas de esta ciudad impía que se llena de largas noches, anduve por las calles que va sólo el corazón, furtivo como el Lute cuando era el Lute y con el anhelo que se mojaran las balas, que los que matan se muriesen de miedo, me adentré por el boulevard de los sueños rotos luciendo tatuajes.
En un local de moda tropecé con unos borrachos que volvían a su hogar con dos copas de más, ¡no os paséis con la ley, dímelo en la calle!, le dije que se yo a quién. Mientras discutía se acercó el hombre del traje gris y sacando un calendario del bolsillo me preguntó si sabía quién le había robado el mes de abril que guardaba en el cajón donde guardaba también el corazón.
Fue entonces cuando comprendí que el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren, entonces me fijé en otros ojos y me olvidé de su mirada, me coloqué el cartel de libre en la solapa había vuelto a ser un guapo entre las guapas.
De vuelta a casa, buscaba en la frecuencia modulada de la radio del coche, en el dial 69.9 escuché una canción que decía algo como …de noche nunca cierres tu balcón, puede ser que se anime algún ladrón a desvalijarte un poco el corazón...


Confío que a Joaquín Sabina no le de por pleitear al haberle hurtado todas las frases de sus canciones para poder configurar este relato. Las canciones utilizadas son: Con un par, Y nos dieron las 10, Noches de boda, 19 días y 500 noches, La canción de las noches perdidas, Más guapa que cualquiera, Besos de Judas, Amores eternos, Mónica, Esta boca es mía, Princesa, Contigo, Ahora que, Donde habita el olvido, Eva tomando el sol, Besos en la frente, Juegos de azar, Los perros del amanecer, Que se llama Soledad, Así estoy sin ti, Pacto entre caballeros, No permita la virgen, Vamonos p’al sur, Como dolor de muelas, 69.9, Peces de ciudad, Camas vacías, Por el boulevard de los sueños rotos, Incluso en estos tiempos y Esta noche contigo.

Amiga mía



Marinera de mis sueños, lujuria de mujer sofisticada, lascivos pensamientos se apoderan de mí mente cuando te observo.

Extasiado al escucharte, ensimismado en tu presencia, diosa andaluza salada por el mar en el interior de una tacita de plata.

Deseos inconfesables de sumisión y de entrega, pasión en la mirada, sensualidad y concupiscencia.

Lagrima azabache en la mejilla, franca invitación a devorarla, a gozarla,… y poseerte.

Morder tus labios quisiera, ser los dos uno, para impregnarme de ti, de tu esencia.

Marinera de mis sueños, no permitas que despierte, déjame soñar contigo, déjame que me lo crea.

domingo, 26 de noviembre de 2006

Promesas



Te prometí placer y para ti fui pasión.

Te prometí alegrías y por ti fui bufón.

Te prometí ternura y te entregué el corazón.

Te prometí sueños y te envolví en caricias.

Te prometí el mar y salé tus labios con mis besos.

Te prometí la luna y la atraje con mi mirada.

Te prometí mi vida, más creí no poder complacerte,

pero cuando te marchaste se fugó contigo el alma, quedé sin consuelo,

han pasando los días, ya vislumbro la muerte, ni la temo, ni la esquivo, le

sonrío en la cara, bravuconeo ante su guadaña, porque a pesar del tiempo

transcurrido, a pesar de tu desprecio, de que aborrecieras mis promesas, la

más sublime de todas las promesas que te hice, esa que en su día me pareció

una utopía, más pronto que tarde me satisfará poder hacerla realidad.

Ninfa confitada



Lujurioso cuerpo esculpido con pasión, con lascivia y obscenidad alcanzando la perfección, plasmando la sensualidad en dulce oscuro, ardiente pasión en verde menta.
Pelo rebelde de chocolate anaranjado cayendo desplomado sobre unos hombros rectilíneos de ensueño, la percha perfecta para un cuerpo embriagador, reflejos anaranjados en cada bucle de su cabello, sabor amargo de naranja ácida.
Sus ojos son dos pistachos de un verde intenso y la boca chocolate con miel color ámbar, de textura suave y calida.
Un cuello libidinoso, evocador de placeres ocultos, con adornos de azúcar moreno acristalado, expuesto para ser mordido, degustado con pleitesía.
La redondez homogénea de unos pechos erguidos, chocolate lácteo pulido, montañas coronadas por afrodisíacas trufas redondeadas dando forma a unos pezones compactos y duros como el azabache.
Sinuosas curvas forman el torso, capa tras capa de pálido chocolate, multitud de fragancia y sabores, gotas de café amargo brotando de sus capilares.
Cacao puro, chocolate negro, dulce amargar de un sexo lascivo, embaucador y exquisito pervertidor, ahondamiento fantasioso, poderío femenino.
Observar esa maravilla, es contemplar la creación, blasfemia para los creyentes, adoración para los paganos, confitura para golosos, acidez para los rancios.

Fijación



Se fijó en mi cuando ya blanqueaban mis sienes, cuando el transcurrir de los años parecía inviable que eso ocurriera, pero no fue así y sin darme cuenta, sin un motivo aparente se fue introduciendo en mí, a pesar de mis desaires, de mis desmanes, continuaba adentrándose en mí, ansiaba poseer mi cuerpo, someter mi voluntad.
Cuando me di cuenta quise poner remedio, intenté ahuyentarla fracasando estrepitosamente en el intento, únicamente conseguí apaciguarla, que no se obsesionara pertinazmente conmigo, pero volvió, volvía siempre que le antojaba, ni los muros que construía para aislarla bastaba, ni las alambradas espinosas la paraban, incansantemente me deseaba, se protegía, se municionaba, se engrandecía y allí siempre estaba.
Aprendí a convivir con ella más otra cosa no me quedaba, me sentía indefenso ante una amenaza anunciada, accedió a darme márgenes de libertad, y en esos momentos era cuando de ella me libraba, pero cuando la dicha era más grande, siempre amenazante se dejaba ver, sentir, palpar para que no me mal acostumbrara.
Hoy la tengo sobre mí, fuertemente me atenaza,….., imposible concluir, he de ir a tomarme el jarabe, quizás un caramelo limonado, esta tos maldita, de mi no se separa.

La leyenda del principe Nammar y Talía, parte final


Se despidió para volver a sumergirse en su mar, desde mi posición veía su estilizada figura como se alejaba bajo esa capa de agua que lo protegía. Al poco rato de marcharse, apareció como hacía diariamente la espectacular sirena de pelo llameante y ojos verdes como algas, me miró sorprendida, se estremeció al no encontrar allí quién la protegía del sol ardiente y la entretenía con sus charlas, observó como en su enclave únicamente había un enorme socavón, la angustia se palpaba en su rostro, gritó su nombre mirando hacia todos lados intentando comprender que había pasado y donde se encontraba quién tantas sensaciones le producía.

Lentamente vi. emerger la figura del príncipe, la observaba oculto en la roca, próximo a ella, comprobando que era aún más hermosa en la proximidad, volvió a escuchar su canto, un canto triste y melancólico y fue cuando la llamó, “Talía, Talía estoy aquí junto a ti vuelvo a ser tu príncipe…”, la emoción embargó a ambos, Nammar se aproximó a ella y se fundieron en un abrazo calido y sincero, se podía palpar el nerviosismo de ambos, sus labios fueron sólo uno y estando así se sentían dichosos.

Desde ese día navegaron juntos, él le prometió el mar, quiso que fuese su princesa, la más hermosa princesa que surcó los mares. Surcaron mares, océanos, tuvieron que afrontar fuertes y tormentosas marejadas, pero siempre volvía el mar a quedar calmado y cada vez más se necesitaban el uno al otro, no podía ser que el príncipe estuviese sin su princesa.
En ocasiones especiales acudían a la roca donde se conocieron, donde surgió el enamoramiento que sentían y llegaron a venerar esa roca emergente como un lugar mágico donde la gracia de los dioses hizo que allí se conocieran.

Transcurrió el tiempo, un determinado día vi. aparecer en la roca santuario a Nammar, lo noté extraño, algo huraño, la alegría innata que tenía había desaparecido, la tristeza le acuciaba, no saludó como me solía saludar, aprecié un saludo desganado, no necesité preguntarle por su malestar, me contó que su princesa decidió marchar, que a pesar que las más hermosas nereidas deseaban yacer con él y convertirse en su princesa, se encontraba, se sentía herido, pero ésta era una herida mucho peor que la que le produjeron en el combate y que le iba a ocasionar su muerte, esta vez tenía herido el corazón, una herida en esta ocasión lo fue el corazón lo que sintió atravesado originándole una profunda herida para la que no encontraba curación.
Vagaba por mares y océanos, intentando desvanecer los recuerdos de aquella sirena que consiguió transformar un corazón de madera y resina, en un corazón latente de amor y cariño, exultante de felicidad.
Descorazonado, volvió a la roca donde un día dejó de ser príncipe para transformarse en árbol, imploró a su dios todopoderoso que se apiadara de él, que le devolviera al que fue su estado durante tan largo tiempo, ansiaba la esclavitud de su anclaje atalaya, pero Poseidón no quería escucharlo, no permitió que su sangre guerrera y valerosa volviese a convertirse en resina, desatendió su petición, conminándole a que volviese a ser aquel guerrero majestuoso y noble, que volviese a ser el monarca protector que su pueblo necesitaba.

Esa noche se desvaneció entre las aguas, tan sólo escuché mientras se alejaba decirme “adiós amigo mío, me resultará imposible olvidarte…”, y desde entonces no supe nada más de él.
con el transcurso de los años y en la época estival, fueron atraídas hacia aquí parejas de enamorados que habían escuchado una fábula, la leyenda de un príncipe submarino enamorado de una sirena verde llamada Talía, su princesa. Desde el borde del acantilado observaban la inmensidad del mar en las horas en las que el crepúsculo del día se extendía por el horizonte y hubo quién distinguió la figura de aquel príncipe surcando las aguas acompañado de una hermosa sirena de larga cabellera resplandeciente. Ignoro si alguien consiguió verlo en alguna ocasión, aunque quizás quienes aseguraron verlo lo hicieron con los ojos del corazón.

La leyenda del principe Nammar y Talía, parte 5ª


Cierto día cuando la sirena volvió a tumbarse sobre la roca, miró fijamente al árbol que la cobijaba con su sombra y le habló, desconozco si ella esperaba que le contestase, pero así ocurrió, quedó sorprendida, asustada, inmediatamente se sumergió en las aguas y desapareció. A la mañana siguiente volvió aparecer, pero con mucha cautela y desconfianza se aupó hasta la roca, nuevamente se tumbó mirando al pino del saliente y no pudo reprimirse de volver a saludarle, y Nammar respondió al saludo.

Le pidió que no se fuese, le rogó que no se sintiera temerosa, que se deshiciera del miedo, tan sólo deseaba conversar, se sentía tremendamente atraído, no dejaba de pensar en ella. Al oscurecer el día, con el resplandor de la luna, ansiaba que trascurriesen las horas, que el gran sol desplazase a la luna, pensaba en voz alta en la similitud que existía entre el sol y la luna con él y la sirena, el sol y la luna se amaban, pero era un amor imposible, tan sólo podrían coincidir en escasas ocasiones los dos juntos, pero en esas ocasiones su contacto era intenso, también él añoraba un contacto con ella, no le importaba la duración del mismo, ni cada cuanto tiempo se originase, era consciente que eso significaba sólo soñar despierto, así que tan sólo ansiaba que ella deseara regresar a diario y mantener así ese contacto.

Trascurrieron los días, ella se ausentó unos días, cuando regresó se encontró sobre la roca una cola modelada con infinidad de hojas del pino, una cola multicolor debido a las distintas tonalidades de la hoja caída, quedó sorprendida al observar eso, advirtió lo que el inmóvil árbol aprisionado en el risco sentía por ella para confeccionar con paciencia ese obsequio, se conmovió.

Un día mientras conversaban pausadamente le confesó que extrañamente se sentía sumamente atraída por él, le manifestó que de no ser un árbol que se encontraba en tierra firme, le mostraría todo el amor que por él sentía.

Al escuchar aquellas palabras emitidas por ese ser tan encantador, apareció de entre su rugoso y robusto tronco una especie de gota acuosa, una lagrima quizás?, se precipitó y terminó disuelta entre las aguas de un mar transparentes.

Talía, que así se llamaba la sirena la observó caer y como impactó con el mar, le produjo extrañeza y asombro, aunque sintió que se afligía con la mayor de las delicadezas le preguntó si lo que había visto caer era una lágrima vertida por él.


Con voz entrecortada, le respondió que sentía nostalgia, él no había nacido árbol, hubo un tiempo que fue un ser marino como lo era ella, pero por voluntad divina quedó confinado a ese muro rocoso con la forma de un árbol a pesar del dolor sufrido, aún así debía agradecer a los dioses que siguiera vivo a pesar de encontrarse con esa nueva apariencia, aunque a veces la pena y la nostalgia le embargaba y los recuerdos que le atosigaban.

Le comentó que fue un gran guerrero, que era el general supremo de un glorioso ejército de tritones.

¡¡¡Nammar!!!, gritó ella, es cierta la leyenda?, eres el príncipe Nammar que fue salvado por Poseidón del transito hacia el inframundo, al reino del silencio?.

Quedó atónito al escuchar su nombre de boca de esa nereida tan bella y espectacular, ¿Cómo sabes de Nammar?, eres muy joven para saber de mí.

Eres conocido en Atlántia en Eubea, en Aigai, en todas las ciudades de tu reino los ancianos nos trasmiten a los más jóvenes quién fue su valeroso príncipe que entregó su vida por defendernos, pero todos te creímos fallecido en la batalla con los seres del inframundo.

La lucha de Poseidón tuvo que ser titánica para conseguir que yo no terminase en los brazos de Hades, consiguiendo salvarme del abismo, a cambio de la salvación me vi. obligado a tener este aspecto actual.

Se despidieron como lo hacían a diario, con un beso lanzado al aire, un hasta el amanecer del nuevo día. El astro rey comenzó a menguar su claridad aproximando el ocaso del día para dar paso a la tranquilidad de una noche iluminada por un manto de estrellas y una luna esplendorosa, pero esa no fue una noche habitual, no fue una noche más, cuando el manto negro del cielo estaba punteado de brillantes estrellas, comenzó a soplar un tímido viento, un viento frío que fue incrementándose originando un vendaval y encrespando un mar que se encontraba en calma total.

La virulencia del viento hizo desmoronar rocas que formaban parte de mí, comenzó abrir una brecha allí donde se encontraba asido Nammar, notaba que se desprendía, que las raíces se extraían de mi cuerpo, el viento hacía que se bamboleara de un lado a otro, se sentía impotente y angustiado ante tal echo, no podía aferrarse a mí y terminó por desprenderse y cayó al vacío, le grité angustiado, pero desapareció entre las encrespadas y ensordecedoras aguas oscuras.

Volvió a amanecer, el cielo apareció con un color azul espectacular, las aguas del mar volvían a ser un cristal transparente y de ellas surgió una voz afable, reconocida que me dijo “hola viejo amigo mío, vuelvo a ser yo y estar en mi mundo…”, al unísono emergió tras las roca donde se escondía y donde un día yacía inerte, en esta ocasión era todo lo contrario, escaló la roca un guerrero, un ser musculoso de melenas oscuras como el azabache, un príncipe de torso bronceado y torneado a pesar que la juventud lo abandonó hacía tiempo.

sábado, 25 de noviembre de 2006

La leyenda del principe Nammar y Talía, parte 4ª


Transcurrieron los años con lentitud, el paso de los días se palpaba en aquel tronco aguerrido, la añoranza no desaparecía, cuando asomaba la tormenta y el viento levantaba las olas, él gozaba al ser cubierto de agua salada, parecía rejuvenecer, se revitalizaba de optimismo, de alegrías y de ilusión.

Permanecía siempre expectante desde su privilegiada ubicación, observaba con detenimiento, con deleite cada una de las estrellas que relucía sobre unas aguas oscuras, sobre su mar. Cuando las olas impactaban sobre rocas o sobre mí, sentía su excitación, las raíces temblaban y las ramas se agitaban frenéticamente sin necesidad de ser mecidas por el viento, y musitaba el himno a su dios Poseidón, “… el que mueve la tierra y el baldío mal, dios y señor de las profundidades…”.

En el ocaso de un día de verano, mientras contemplaba extasiado como el manto oscuro de la noche se extendía por el cielo azul cubriéndolo todo de sombras, escuchamos en la lejanía el susurro de una canción, apenas se apreciaba por la distancia, pero la sentimos dulce y calida, al amanecer observamos postrada sobre la gran roca que emergía junto a nosotros a una bellísima y jovial sirena, un ser esplendoroso de larga cabellera de color fuego que le cubría los pechos, unos ojos vivarachos verdes como el mar, como el follaje que cubría las ramas de Nammar, con una cola cuyas escamas eran de los más vivos colores, la tez era morena, pero con una piel sedosa.

De la roca se zambullía en el agua y tras unos minutos de inmersión, volvía a emerger para sentarse en un saliente rocoso que se encontraba a ras del mar y comenzaba a peinar esos largos cabellos del color del cobre con un peine de nácar, mientras, cantaba con una voz melodiosa y seductora, escuchando esas canciones tan sugerentes, el canto embrujador que llevaba a los marinos a la perdición, ejerciendo una atracción tan poderosa que hacía que todo el que la escuchase, desatendiese sus labores en la nave, acabando ésta estrellándose contra los acantilados y rocas.

Quedó cautivado por esa melodía, mientras más la escuchaba, más tiempo deseaba que allí permaneciera, su atracción era fortísima, se sentía embriagado por ese canto, por ese cuerpo esplendoroso, por su larga cabellera anaranjada, por sus ojos verdes, por unos labios finos por donde se escapaba como un silbido esas notas musicales.

A pesar de esa atracción, se resistía a contactar con ella, en ocasiones, cuando el sol más alto se encontraba, cuando sus rayos mayor incidencia tenían, la esplendorosa sirena se protegía de dichos rayos dañinos para su piel, en la sombra que proporcionaba sus ramas y su follaje, se sentía aliviada y agradecía que estuviese allí aquel árbol para darle sombra. Nammar le dejaba caer algunas de sus hojas que al descender por su desnuda espalda le proporcionaba placer y un cosquilleo que la hacían sonreír.

La leyenda del principe Nammar y Talía, parte 3ª


En mis largas y apacibles conversaciones con Nammar, me comentó que cuando era arrastrado hacia las oscuras profundidades, reconoció la efigie de su dios y señor, con total rotundidad le aseveró que su alma había pasado a pertenecer al todopoderoso Hades y que se encontraba en transito hacia su reino, el reino de los muertos, pero a pesar de su inmenso poder, Hades sentía cierta debilidad y afinidad por la majestuosidad de su hermano Poseidón, accedió a concederle el deseo de devolverle la vida a su protegido, pero como condición debería cambiar de aspecto, tenía que convertirse en un ser totalmente distinto al que era y abandonar el mundo submarino.

Poseidón accedió una por una a las peticiones que había formulado Hades, pero le hizo una salvedad, si se daban las circunstancias de que una ninfa submarina, la más hermosa de las nereidas lograra amarlo desconociendo su verdadera identidad, si se enamorase perdidamente de él y fuese correspondida con idéntico amor, su protegido volvería a poseer su cuerpo de príncipe y gozar de su reino.
Hades pensó que tales proposiciones excedían con diferencia lo que estaba dispuesto a consentir, pero pensó que sería utópico que tales hechos se produjesen, por lo que quedó confiado en que no habría ninguna circunstancias que hiciera invertir la transformación del nuevo ser que surgiera de lo que un día fue el príncipe de los mares y accedió.


Quedé atónito observando desde mi privilegiado enclave como una divinidad tan majestuosa como arrogante, mantenía la mirada abstraída y punzante sobre un cuerpo yaciente, comprobando con estupor como el astro rey era implacable con ese cuerpo hercúleo y se apoderaba de él irremediablemente. Visiblemente enojado invocó a la diosa Artemisa para que fuese ella como gobernadora de todos los bosques y animales terrestres dictaminara en que ser debía convertirse su protegido y así devolverlo a la vida cuanto antes, pues el tiempo era implacable, transcurría peligrosamente en su contra, Hades no le concedió un tiempo ilimitado para ser transformado, impuso que si al cubrir la marea nuevamente la roca, el cuerpo inerte de Nammar continuaba allí postrado, sería arrastrado irremisiblemente hasta su reino de oscuridad y silencios.

Por entre las copas de los árboles que me cubren, surgió un ser armonioso de luz, se trataba de la diosa Artemisa que acudía a la invocación de Poseidón, y observando ese cuerpo marchito, se percató que estaba siendo cubierto de hojas aciculares provenientes de los frondosos árboles que me coronaban a mí. Esta capa verdosa que cubría el cuerpo no era otra cosa que hojas de pino insigne, la diosa pensó que igual de insigne había tenido que ser en vida el que era conocido como príncipe de los mares para ser protegido con tanto ahínco y fraternidad por Poseidón, y fue por esto que decidió reencarnarlo, en un joven y robusto pino.

Ambas divinidades estuvieron de acuerdo en el nuevo ser que surgiría del cuerpo y el alma de Nammar y para compensar la prisión inmóvil a la que se vería sometido, determinaron que su ubicación sería lo más próxima al mar, un enclave nada propicio para su entronque, para su crecimiento, pero era la voluntad de los dioses que desde su atalaya divisara el que había sido su reino, que se impregnara de la esencia del mar y también porque el deseo de Poseidón era que se cumpliese sus exigencias y que el reino de las profundidades marinas volviese a tener al soberano que un día aclamaron.

Una voz aterciopelada, una voz sensual, pero a su vez enérgica recorrió un amplísimo territorio pudiéndose escuchar con total nitidez estas como decía…”melahel lehahiah nithael damabiah pinus radiata so mote it be”, inmediatamente comenzó a surgir en torno a la figura inerte de Nammar un halo color verdoso que parecía girar sobre un hipotético eje, duró escasos segundos y tras desaparecer allí quedó el sarmiento de un árbol joven, de un pino recio a pesar de su tamaño.
Un viento huracanado provocado por Poseidón, incrustó el joven pino entre mi cuerpo, sentí las tiernas raíces ahondar hasta lo más profundo de mí ser, el mar a pocos metros parecía no querer separarse de él, lo mojaba, lo impregnaba de su salinidad, no se resignaba quedarse sin su príncipe, pero él dejó de existir como tal, desde entonces fue un frondoso y majestuoso pino que crecería colgado de un acantilado al borde del mar.

La leyenda del principe Nammar y Talía, parte 2ª


La vida apacible y serena en el reino se truncó el día que unos seres terroríficos, aleccionados por la terrorífica Medusa y provenientes del abismo más profundo y tenebroso, acosaron su reino, provocando su ira y desasosiego hasta conseguir que entrará en combate, un combate muy desigual , pues nada más iniciarse, fueron cayendo sus escuadras de seres atroces capitaneados por grayas, gorgonas y telquines, mermaron significativamente su ejercito, pero aún así no se amilanó, entablando una feroz y cruenta batalla a pesar de contar con un número reducido de efectivos para luchar contra unas hordas bien aguerridas y sanguinarias. El desprecio a su propia vida en pos de su pueblo, la arrogancia en la lucha, el valor desbordante dejó confundido y atemorizado a la emperatriz del mal y a todos sus esbirros, la sombra de una derrota planeaba por entre las aguas enrojecidas por la sangre al comprobar la descomunal fuerza y destreza que empleaba Nammar en el combate, una fuerza que le había sido otorgada por los dioses, su venerado y protector Poseidón le concedió dicho don cuando no era más que un niño.

La lucha fue larga, tediosa, amarga e interminable, no se pronosticaba cuando concluiría, los abismales avanzaban en oleadas, minando las defensas de los defensores y también las esperanzas pues conseguían acabar con unas escuadras, cuando se encontraban con otra oleada de salvajes avanzando destructivamente sobre ellos. Con el paso de las horas, las fuerzas comenzaron a flaquear, los músculos de Nammar estaban saturados, irremediablemente el fin estaba próximo y la impotencia y el desasosiego aumentaba.

Cuando más duro era el combate, cuando la batalla se tornó más fiera y sangrienta, en pleno fragor de la batalla sintió como una inmensa punzada le atravesaba su cuerpo, una descarga eléctrica le paralizó completamente los músculos, el calor le abrasaba por dentro, sentía como la vida se le escapaba junto con la sangre que brotaba por las heridas de un cuerpo maltratado. En su estado de inconciencia veía como era engullido por el remolino negro hacia las tinieblas del abismo.

Su cuerpo quedó inerte, pero ese no era podía a ser el digno final que estaba escrito para el aguerrido príncipe submarino, ese cuerpo inerte y maltrecho fue rescatado de las entrañas del abismo por un deseo divino, Poseidón lo consideraba un hijo y no permitió que su alma llegase al reino del silencio y la muerte. No podía volverle a la vida, pero mientras pleiteaba con el señor de la muerte por él, lo envolvió en una corriente marina de agua fría como el hielo arrastrándolo hasta unas aguas calidas y poco profundas, fue entonces cuando su cuerpo golpeó con virulencia una inmensa roca cuya cima sobresalía de las aguas.

En esos momentos me convertí en testigo de todos los acontecimientos, se encontraba postrado a mis pies, ah bueno que seguís sin reconocerme verdad?, no me gustaría ser vanidoso pero puedo decir muy orgulloso que soy un imponente acantilado que luzco orgulloso las heridas producidas por las embestidas del mar sin que su ira pueda acabar conmigo. Los días en los que se encuentra calmado como una balsa de aceite, con sus aguas cristalinas como un espejo, observo como estoy coronado por altísimos árboles de hojas finísimas y puntiagudas como auténticos arpones, con un tronco recio de color pardo oscuro y con una corteza áspera y muy agrietada.

La leyenda del principe Nammar y Talía, parte 1ª


Partículas de sal impactan sobre su manto de hojas alargadas y puntiagudas como arpones, evitando que un torrente de minúsculas gotas saladas llegasen a su envejecido y rugoso tronco que se aferraba estoicamente a su atalaya, luchando con bravura en una desigual batalla con un mar embravecido y encontrando como aliado para el combate al viento, un viento silbante, penetrante y tenebroso, un enemigo invencible al que tan sólo podía retrasar una derrota anunciada.

Su arrogante supremacía le hace jugar con él, lo observaba constantemente, cuando mantenía placida y cristalinas sus aguas, no le proporcionaba descanso ni confianza porque al menor descuido podría descargar contra él, y también contra mí toda su ira y poderío.

Pero a pesar de todos los sinsabores, continuaba añorando esas aguas bravas, mentalmente vagaba por el interior de ellas, deleitándose con esa amalgama de colores que brindaba, con sus olores intensos y húmedos, con sus susurros y sus quejidos que eran música para él y que hacía estremecer cada hoja, cada rama, hasta la más profunda de las raíces.

Por todos era conocido su valor, tiempo atrás fueron aliados, este mar hoy su mayor enemigo, antaño le proporcionaba vida, placeres, refugio, y es que su mundo estaba allí, en el interior de él, bajo sus aguas, porque no siempre tuvo este aspecto, no nació árbol, no siempre fue un prisionero inmovilizado sostenido a un muro de rocas por gruesas raíces. Cuando recuerdo su pasado la emoción me embarga porque han sido muchos años acogiéndolo, protegiéndolo, a veces de él mismo, sintiendo como la savia se le apelmazaba, como las rama se estremecían desprendiendo esas finísimas hojas, que caían como dardos sobre un mar despreocupado por dicho vertido, una a una iba desprendiendo sus hojas, estoy convencido que así manifestaba su tristeza, era su forma de llorar, un llanto de dolor, de melancolía, de añoranza, eran las lagrimas de un poderoso guerrero, lagrimas de quién un día fue un príncipe submarino, amo y señor de toda aquellas aguas.

Su nombre era Nammar, príncipe de todos los mares y océanos, su extenso reino abarcaba la inmensidad de las aguas saladas, un reino de lo más variopinto y apasionante en las profundidades de un mar agreste y temerario pero a su vez dulce y tranquilizador, un mar que por sí sólo era la primera barrera defensiva de un hipotético ataque exterior, cuyo principal objetivo, era el de proteger todo un reino poblado por innumerables seres entregados a él en cuerpo y alma por ser un monarca justo y equitativo, cuya soberanía provenía directamente del todo poderoso Poseidón.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Vieja sirena



Coje mis manos sirena,
que yo te regalo, el mar y la tierra.
Muerde la luna en tu anzuelo,
y cántame alto no dejes que duerma.
Siempre caricia y dispuesta,
siempre sonrisa, siempre serena…
como en el mar que es tu pecho,
que es mi descanso, que es mi recuerdo.
Rompe las cuerdas que te atan,
y átate a mí, y átate al viento.
Que navegando tus ojos,
en un mar sin calma tiemblan mis dedos.
Rompe las cuerdas que te atan
y átate a mí, y átate al tiempo,
que cuando beso tus piernas,
delfines enfermos de amor son mis besos.
Coje mis manos sirena,
que yo te regalo, el mar y la tierra.
Mece la cuna en que duermo,
y cántame suave, que pueda soñarte.
Siempre sonrisa y dispuesta,
siempre sonrisa, siempre serena…
siempre sonrisa y dispuesta,
siempre sonrisa, siempre sirena.
Rompe las cuerdas que te atan…
Coje mis manos sirena,
que yo te regalo, el mar y la tierra.
Siempre caricia y dispuesta,
siempre sonrisa, siempre sirena.


Webdavidjimenez.com

Repostrería



Cubrí la mesa rectangular de madera con un hule de colores calidos, sobre él dispersé abundantes pétalos de rosas blancas formando un lecho, donde descansaría mi amada.
Dispuse de una luz convenientemente tenue, la fragancia de las rosas envolvían la habitación, el crepitar de la leña ardiendo en la chimenea se camuflaba con la música.
Tras desvestirla la tumbé sobre el lecho de rosas, recogí su espesa cabellera dentro de una especie de redecilla, le vendé los ojos con un pañuelo de seda rojo bordeado en negro y oro, anudé cada una de sus muñecas y sus tobillos para atarlos posteriormente a cada pata de la mesa.
Podía apreciar cierto nerviosismo en ella, el vello se le erizaba, desconocía mis intenciones, acerqué una jarra de chocolate negro derretido, aunque estaba caliente, comenzaba a endurecerse y le cubrí los pechos con él, al sentir el chocolate caliente sobre su piel, se estremeció, agarrando fuertemente las cuerdas que le aprisionaban los brazos, un grito ahogado emergió de su garganta. Una vez bien cubiertos los pechos, dejé caer unas hileras de chocolate sobre su torso desnudo, hasta llegar a su sexo libidinoso que cubrí por completo.
Guardé un puñado de pétalos para distribuirlos desorganizadamente sobre ella y nuevamente derramé más chocolate humeante sobre ella cubriendo más zonas de su cuerpo y los pétalos albinos. Los pezones quedaron erectos por lo que aproveché para ponerles unas bolas de nata montada sobre cada uno, igualmente le puse varias línea desiguales en un lateral del sexo.
Permanecí sentado junto a ella, mi mano sostenía una copa de cava frío que degustaba mientras me deleitaba observándola, inmortalizando aquella imagen, mi mente divagó imaginando la creación de un artista en un marco adecuado, la fragancia de las rosas se entremezclaba con el olor del chocolate negro, el crepitar de la leña se confundía con las melodías de aquella balada.
Pero aquella “obra” debía ser efímera, por lo que empecé a degustarla por el sexo, arrastré los dientes por su entrepierna, ahondé la lengua en su sexo, devoré el chocolate, lo comía a lametazos.
Mordí aquellos pechos erguidos, los pezones endurecidos culminados de blanca nata que simulaba un par de picos nevados, me regocijé en esos pechos, los apretaba mientras los mordisqueaba, ella se estremecía de placer, sus jadeos aumentaban.
Vertí el cava frío sobre su cuerpo, bebí, chupé, lamí y nuevamente quedé allí sentado observándola.

Despertar



Dormía placidamente cuando me despertó bruscamente el tono del móvil que me indicaba que acababa de recibir un sms, me extrañé porque únicamente una persona me enviaba sms a altas horas de la madrugada, pero ya no quedaban motivos para intuir siquiera podría tratase de ella
Tardé unos instantes en decidir si miraría que mensaje me habían enviado y sobre todo a quién se le ocurriría enviarme un sms a esas horas. Alargué el brazo hasta coger el móvil de la mesita que tengo tras de mí, me incorporé hasta sentarme al borde de la cama, los ojos permanecían semi cerrados, tan sólo la tenue luz del móvil se disipaba entre la total oscuridad de la habitación, súbitamente un desvanecimiento se apoderaba de mi cuerpo, sentí caer de bruces al suelo que no distaba más de un palmo, pero curiosamente no impacté, me sentía arrastrado hacia un abismo de oscuridad y silencio, me sentía caer sin llegar hacerlo.
Los ojos se me abrieron exageradamente, desperté de un mal sueño, gotas de sudor frío recorrían mi frente, encendí una pequeña lámpara, trasteé hasta encontrar el móvil, y busqué si realmente había recibido un sms, pero estaba vació el buzón, nadie me había escrito.
Con el corazón aún exaltado volví a apagar la luz para continuar con el sueño, no había adoptado la posición cuando el ruido del móvil volvió a exaltarme, la lucecilla coloreada alumbraba tenuemente, di un respingo y volví a alcanzarlo, simplemente se trataba de la configuración horaria.

Simplemente nada


Me hablas, te escucho…,
pero no me dices nada.

Me miras, te miro…,
y no me dices nada.

Tu rostro es un claro oscuro…,
que no me dice nada.

Esa mirada perturbadora…,
ya no me dice nada.

Los recuerdos se desvanecen…,
para no decirme nada.

Aquellos deseos, sueños e inquietudes…,
hoy no me dicen nada.

Era niña de mis ojos…,
más no me dice nada.

martes, 21 de noviembre de 2006

Sólos en la habitación, (relato erótico)



Aún no había despuntado el alba, la madrugada era fría y lluviosa, él se despertó y distinguió el contorno de su pareja entre los flaches que producían los relámpagos cada vez más continuos, quedó observando el pecho semioculto por la sabana y mantas que ella le mostraba desde lo más profundo de sus sueños.
Comenzó a soplar viento que hacía estrellar contra el cristal las gotas de agua produciendo un ruido ciertamente acogedor, confortable porque animaba a permanecer bajo las mantas al abrigo del frío, aunque él no volvió a quedarse dormido, se aproximó a ella quedando tumbado de costado y comenzó acariciarle los cabellos con una mano, mientras que con la otra acariciaba con delicadeza ese pecho emergente.
La chica pareció estremecerse con las caricias, al rozar con los dedos el pezón, lo sintió entumecerse y continuó esta vez besándole con suavidad los labios entreabiertos, los pechos tersos y su mano se deslizó hacia el sexo mientras escuchaba tenues jadeos de ella a pesar que continuaba dormida.
Encontró las piernas ligeramente abiertas y al ahondar con sus dedos en la vagina, la notó húmeda, en ningún momento incrementó las caricias, prosiguió con una pausada calma acariciándole el clítoris, las piernas continuaron abriéndose mientras los jadeos iban en aumento.
Transcurridos unos minutos se acopló a ella con el mayor cuidado y delicadeza y comenzó a penetrarla lentamente, muy lentamente, mientras le sellaba los labios con los suyos, aún así, emanó de ella un grito ahogado de placer, y él continuaba penetrándola lentamente, muy lentamente.
De pronto sintió las uñas de ella clavarse como dardos en su espalda, los jadeos alcanzaron una sonoridad respetable que se confundían con algún que otro tenue grito de placer, el resplandor de los relámpagos dibujaba sus figuras formando un solo cuerpo en la oscuridad de la habitación.
Obtuvieron un orgasmo y entrelazados uno con el otro volvieron a dormir, la lluvia continuaba cayendo, el viento no dejaba de soplar, el frío se dejaba notar y el alba no terminaba de despuntar.

lunes, 20 de noviembre de 2006

A comerrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr



Un antiguo dicho decía que las mujeres ganaban a los hombres por comida, es tan antiguo que en aquella época los hombres no cocinaban por lo que hubiese sido impropio decir que de igual forma los hombres ganaban a las mujeres por la comida.Hoy por hoy incluso podría tacharse tal expresión de machista si se le da la vuelta a la tortilla y se ve otra cosa distinta de lo que queremos ver, aunque en realidad lo que me hace estar aquí nuevamente trata de la relación entre los distintos productos alimenticio y el sexo.
Desde antaño se ha querido buscar en distintos alimentos el afrodisíaco perfecto que de vitalidad, proporcione una pasión desenfrenada y un deseo implacable por mantener relaciones sexuales.
Se habla de la canela, del perejil, de la pimienta, y puede que haya un largo etcétera a lo largo y ancho del planeta, aunque creo que el mejor afrodisíaco y siempre partiendo de un deseo mutuo, es el entorno escogido, donde haya una conjunción entre una comida aromáticamente preparada, la luminosidad, la música escogida, olores sensuales y un buen vino, sin olvidar para nada un halo de fantasía que debe envolver la estancia.
Mientras meditaba sobre esto, pensaba en la cantidad de productos alimenticios que son utilizados como juegos sexuales, es cierto que todos ellos o la inmensa mayoría de ellos al menos utilizados a modo de consoladores, y es que verduras y frutas son bastantes generosas como juguete sexual, de ahí que sean utilizados como vulgarismos para designar al pene, la lista puede ser tan larga como frutas y verduras tengan forma fálica, pero al menos entre los vulgarismos utilizados en España y algunos exclusivos en la provincia de Málaga destacan boniato, pepino, calabacín, berenjena, rábano, zanahoria, mazorca, nabo, plátano o banana. También destacan los productos cárnicos como: butifarra, chorizo, salchicha, salchichón, morcilla. Sin olvidar la repostería, de ahí el churro.
Pero los vulgarismos culinarios podríamos llamarlos, se extienden más allá del pene, sí llega hasta los testículos: albóndigas, huevos, aguacates, aceitunas.
Los órganos sexuales femeninos no escapan mejor parados, así en relación a la vagina nos encontramos con nombres de animales comestibles como: almeja, bacalao, mejillón, coquina. En la sección de frutas y verduras nos encontramos con: papaya, higo, breva, tomate. Y en repostería: bollo, bollito, mollete.
Pero la anatomía humana da para más, mucho más, de ahí que se le asignen a los pechos predominantemente nombres de frutas: limones, melones, sandías, peras, brevas, cocos.
Curiosamente ante un gran culo, perdón, trasero ya sea masculino o femenino se le suele denominar: pan cateto.
Sinceramente hemos de reconocer que no quedaría demasiado bien escuchar a la actriz porno decir entre jadeos que le ha llenado la cara y la boca de esperma, parece como si el ambiente requiriera inexorablemente que le llene la cara y la boca de leche.
El vulgarismo es insaciable, quiere más, no nos contenta con los órganos sexuales, sino que se abalanza como una fiera sobre las orientaciones sexuales, por ello, no sólo se es gay u homosexual, sino: calamar, y en el aspecto femenino, de lesbiana: bollera, tortillera.
Sea como fuere, con afrodisíacos o vulgarismos a lo que deberíamos ansiar los unos, es a saborear unos limones, comer un mejillón, y terminar mojando el churro, y las otras a degustar o engullir un calabacín, aunque lo verdaderamente importante es disfrutar con el sexo, fantasear con él, a nuestro alcance lo tenemos infinidad de instrumentos, entre ellos los distintos alimentos, lo único que necesitamos es dejar volar nuestra imaginación.
Sumamente excitante y morboso es embadurnar a nuestra pareja con nata o chocolate líquido y conseguir que obtenga un orgasmo al sentir los lametazos sobre su piel, sintiendo la lengua ahondar en la vagina o notar los pechos y pezones mordisqueados, siempre en un ambiente acogedor, al olor de unas velas encendidas, con una iluminación tenue y con una música embriagadora.
Como señalé anteriormente, derrochad imaginación en vuestros juegos sexuales, y si para ello os ayudáis de algún producto alimenticio mejor que mejor, buscar en el frigorífico, en la alacena o despensa, iniciad el juego vendando los ojos, esposando las manos, pasando un fuet, salchicha, plátano o zanahoria pelados evidentemente, por la boca, pecho, hasta acabar penetrándola con ellos y entre penetración y penetración ir devorándolo entre ambos, eso sí sin olvidarse de dejar correr un cava frío por el torso y beberlo manteniendo la boca apoyada en la vagina, ni que decir tiene que no sólo ha de beber él, ella puede derramarlo por el torso de su pareja, manteniendo la boca donde más le apetezca.

Noviembre



Tradicionalmente el mes de noviembre ha sido considerado un mes donde se rememora a los ausentes, los desaparecidos y a veces olvidados. Para los que tenemos una edad apreciable, el inicio del mes de noviembre era sinónimo de don Juan Tenorio y su celebre, … no es verdad ángel de amor que en esta apartada orilla…, que nuestro más insigne amante le manifestaba a su amada Ines.
Sin embargo, estos últimos años adquirió un significado nuevo y especial para mí el penúltimo mes del año, dejó de ser el mes para evocar a los seres amados que nos dejaron físicamente y comenzó a significar el mes de la esperanza y de la ilusión, un mes donde muchos sueños se hacían realidad, donde la fantasía no era sinónimo de utopía.
Gozaba comprobando como se desojaba el calendario, como se aproximaba el día que recorrería kilómetro a kilómetro hasta deshacer esa enorme distancia que me separaba de la persona deseada y así poder adentrarnos en ese mundo mágico de fantasías y sueños que habíamos creado.
En los prolegómenos del primer encuentro necesitábamos encontrar un lugar acorde con esos sueños, desde el primer momento que lo vi quedé prendado de ese sitio, a pesar de la incertidumbre de saber si encontraría realmente lo que mostraban en una página web, la decisión final fue acudir a ese lugar, un lugar del interior de cataluña.
Encontramos un pueblo donde al pasear por sus estrechas callejuelas empedradas, junto a los muros de piedra de sus casas, nos hizo retroceder varios siglos al tiempo que disparó la imaginación.
Entre los muros de piedra y vigas de madera de la casa, antaño parte del establo, se despertaron las más bajas pasiones, se desbordaba la excitación y junto a un fuego encrespado y anaranjado aquellos lejanos sueños en la distancia comenzaron hacerse realidad.
El deseo dio paso a la lujuria, la pasión se antepuso a la razón, los jadeos se entremezclaban con la música que envolvía la estancia, un halo de sensualidad, gozo y placer absoluto invadía toda la casa.
Los primeros escarceos sexuales, los primeros juguetes fueron sustituyendo los incipientes jadeos por gritos de placer, el primer esposamiento, la primera lazada sobre un torso desnudo, el primer mordisco en un cuello desnudo, en un pezón endurecido, en un clítoris escondido, el primer dolor satisfactorio que se funde con el placer, las primeras marcas...
Llegaron nuevos meses, nuevas ubicaciones, nuevas satisfacciones, nuevos sueños hechos realidad, nuevas fantasías, pero aún así consagramos el mes de noviembre y esa pequeñita y coqueta casa de piedra del interior en algo venerado año tras año.
La melancolía se ha apodera de mí ser ante un nuevo mes de noviembre, la desilusión se agranda por la imposibilidad de un nuevo desplazamiento, la consternación se incrementa por el recuerdo de una fantasía, transitoria, exigua, pero sumamente gratificante que cayó en el olvido.
Pero el sol vuelve a salir tras la tormenta, el cielo vuelve a despejarse mostrando un color que parece más intenso que antaño, impulsando con fervor el deseo del retorno, del resurgir de los sueños de construir nuevas fantasías, de descubrir nuevos placeres y de hallar nuevos gozos.
Volverá un nuevo mes de noviembre, resurgirá el nerviosismo del encuentro, el adentrarse por la carretera, el retroceder varios siglos al pasear por el pueblo empedrado, nuevamente mis dientes marcaran un cuello desnudo, unos pezones endurecidos, un clítoris escondido, compatibilizaré nuevos juegos con otros antiguos que concluirán por igual en la pasión, la lujuria y el desenfreno.
Nuevamente será deseado, quizás hasta se vuelva a consagrar como el mes del encuentro, un mes en el que se ha rememorado a los ausentes, a los desaparecidos, aunque no así a los voluntariamente ausentados o desaparecidos…

miércoles, 15 de noviembre de 2006

Incredula


No me crees cuando te digo que la distancia es el olvido, pero a veces la distancia es corta, demasiado estrecha como para olvidar de la forma y a la velocidad con la que se olvida.
No me crees cuando te digo que creamos distancias que escapan a cualquier medición.
No me crees cuando te digo que a pesar de estar juntos, nos encontramos separados.
No me crees cuando te digo que la distancia es simplemente la excusa, sencillamente es el complemento eficaz del olvido, un propulsor para olvidar con mayor prontitud.
Pero como siempre, tu no me crees.





Mordisco (relato erótico)


… progresivamente aumentaban los jadeos, se encontraba de rodillas al filo de la cama, apoyada en los antebrazos, ofreciéndole enteramente todo su sexo, su ano. Agarraba con fuerza la sabana que cubría la cama, giraba la cabeza como una posesa cuando el placer se incrementó, él continuaba penetrándola lenta y pausadamente, enloquecía al sentir aquel grueso y duro miembro ahondar dentro de ella a esa velocidad, cuando lo extraía completamente para inmediatamente volver a adentrarse en su caliente y mojada vagina.
El sudor cubría la espalda, algunos cabellos se esparcían por la cama al desprenderse de la cabellera tras las violentas sacudida de la cabeza, los dedos de él le presionaban la cadera, el placer era sublime, casi sin darse cuenta comenzó su segundo orgasmo, fue cuando sintió como le abofeteaba las nalgas, para nada decreció el gozo, todo lo contrario, se incrementó.
Rapidísimamente la giró quedando tumbada boca arriba, le dobló las piernas llegando a unir los cuadriceps con los pechos, le agarró con firmeza las piernas y la arrastró hacia él, volviendo a penetrarla, esta vez con más vigorosidad, los gemidos y gritos se confundían, un nuevo orgasmo se acercaba, las uñas se las clavó en la espalda sin que él interrumpiese la penetración, aumentaba la velocidad, se inclinó más sobre ella hasta alcanzar con su boca su cuello, y mordió, ella agarró le agarró con violencia los cabellos, mientras él le apresaba con más tenacidad el cuello, los jadeos de ella se confundían con un único grito, “sigue mordiendo, no pares”.
El semen caliente se desparramó por el bajo vientre.

Cicatrices


Acababa de salir de la ducha, me encontraba frente al espejo del cuarto de baño y vi reflejado en él mi cicatriz más reciente, la miré detenidamente y me puse a localizar el resto de cicatrices dispersadas por todo el cuerpo, medité sobre ellas, esos costurones en mi piel determinan una dilatada vida.
Rememoran mi lejana niñez, mis años imprudentes y aventureros o la actualidad más cercana, todas tienen su porqué y su fecha de adquisición.
¡Ah!, la primera en mi rodilla derecha, jugaba al fútbol con mi padre cuando pisé el balón y caí de rodillas sobre una piedrecita que terminó incrustada en mí, le tengo hasta cariño ya que fue la primera y me acompaña desde los 4 ó 5 años.
No mucho tiempo después, llegó la de la ceja, eso de estar en el lugar y en el momento equivocado lo descubrí cuando impactó sobre mi cara esa piedra lanzada al fondo de la cañada por donde transitaba, casi desgracio al enfermero que me saturó la herida si la patada lanzada por el dolor que me provocaba hubiese alcanzado su objetivo, la zona testicular.
Y llegó mi pasión por el submarinismo, mis imprudencias bajo las aguas, las marcas de mordeduras o quizás picotazos de los pulpos que arrancaban la piel, la daga que penetró por la palma y despuntó por el dorso de la mano, pero la ostra no se quedó sin abrir, lástima que no contuviese la perla que buscaba.
La rodilla izquierda no se libró de ser marcada, no, pienso que debió sentir unos extraños celos de su compañera y no quiso ser menos, así que engendró un quiste que me extirpó un matarife en el hospital militar, aún hoy recuerdo esa extensa sala con sus camas de barrotes blancos, las monjas, bueno le llamábamos hermanas, aunque ninguna de ellas era familiar mío, ese olor penetrante a desinfectante y ese banco cutre de madera a las puertas del quirófano donde esperábamos para ser operados.
Con 19 años se sana rápido, las ansias de aventura podían conmigo y me topé con una corva tensa sobre un arroyo semiseco, con un cabo torpe que al no conseguir cruzar por cansancio se dejó caer sin avisar al que iba tras él, o sea a mí, con ese mosquetón vetusto y pesado y esa mochila de combate sobre la espalda que me empujaban hacia el cauce, con ese latigazo de la cuerda tensa que me precipitó de cabeza sobre las rocas. No era mejor el enfermero del hospital comarcal qué el médico del militar, debí dejar que me cosiera el sargento, al menos no me hubiese puesto en la cabeza esa especie de kiki ridículo con la gasa que me impedía encasquetarme la boina verde.
La vida trascurría vertiginosamente, casi sin darme cuenta sustituí los uniformes militares por el de ayudante de cocina, ¡me cago en tó lo que se menea!, ¿qué te ha pasáo?, ¡la virgen!, tapate con esto y vamonos rápidamente al hospital, vamos, corre, no te pares.
No te pares, pero cabrón que he perdido bastante sangre, que voy corriendo tras de ti como si estuviésemos en una prueba de velocidad, ¿quieres encima que suba todas esas escaleras a la misma velocidad y sin pararme?. Bueno, bueno, encima el cachondeito al verme el dedo corazón todo vendado, ¿pero no sabéis ya que soy diestro cohones?.
Desplazo la mirada más abajo, ufffffff, esa operación de risa, fugaz, quería irme esa misma noche a cenar con los compañeros aunque fuese marcando paquete, pero como se complicó al transcurrir de las horas, todo y la posterior operación si que me dejó una buena cicatriz bien visible sin la pelambrera.
¡No es posible!, esto no me puede pasar a mí, ¿Dónde está el dedo?, sólo veo un enorme orificio ennegrecido y ensangrentado, ¿Cómo he podido cometer ese fallo, en qué o en quién estaría pensando?, esto no puede ser cierto, debo de estar soñando y no consigo despertar. La primera falange ha estallado, pero reconstruiremos el dedo y lo dejaremos lo mejor posible, ahora debes estar tranquilo. Otra vez el mismo dedo, más costuras sobre mi piel.
Continuo observándome en el espejo, sólo se reflejan las cicatrices visibles, pero ¿y las ocultas?, las cicatrices del corazón, imagino que debo tenerlo bastante deteriorado, envejecido y cicatrizado por las heridas recibidas.
¡Es inaudito!, las cicatrices que se aprecian en él son muy tenues, producidas a una edad temprana y sin llegar a ahondar, pero entonces ¿Dónde están las cicatrices recientes?, no las veo, no las siento, parece como si nunca hubiesen producido herida alguna, como si jamás se hubiese partío, pero una vez entregué un corazón sano, pletórico y exultante, pero lo devolvieron maltrecho, con profundas heridas y entristecido, ¿pero entonces dónde están, puede ser que haya cicatrizado de forma que lo ha pulido para parecer flamante, que se haya robustecido y eliminado cualquier vestigio dañino o pernicioso?.
Unas cicatrices perduraran en el tiempo, las iré observando cada día al ducharme, otras nuevas llegaran para incrementar el número con el paso de los años, pero lo que no volverá a lastimarse, al menos ese es el propósito, será el corazón, se blindó para no sentir el más leve arañazo, aunque lo mejor es no experimentar.

PRESENTACIÓN


No es Román al revés, ni por supuesto se trata de una mujer enamorada, simplemente es Namor. En los papeles se cuenta que es el monarca de Atlántis y de Diluvia, un híbrido entre humano y atlante, hijo de la princesa Fen de Atlántis y de raza submarina Homo Mermanus, y por parte de padre del capitán de navío Leonard McKenzie. Posee una fuerza sobrehumana que se ve aumentada en el interior del agua, al ser mitad humano puede permanecer durante grandes periodos de tiempo fuera del mar, pero le es imposible estar demasiado tiempo alejado de él ya que se debilitaría hasta morir.
Bueno esa es la versión fantasiosa del personaje, aunque bien mirado, fluctuamos en un elemento donde la realidad y la fantasía confluyen, y realmente me identifico bastante con él, quizás por haber nacido y vivido a orillas de la mar, de un mar saleroso y dicharachero al bañar mi tierra malagueña, me identifico igualmente por no poder estar mucho tiempo separado de mi mar, por disfrutar de su belleza, de su tranquilidad y de su brío, por todo lo cual traspasaré el umbral de la ficción y me encarnaré en dicho personaje mientras permanezca aquí.
Crearé un mundo paralelo al real, un mundo de fantasías, de sueños, donde poder hacer realidad todo aquello dificultoso o utópico, y será desde mi palacio de coral desde donde escribiré, contaré o narraré cualquier cosa que me plazca, porque únicamente pensaré en mí, en mi satisfacción por escribir, por sacar lo que me pide salir desde lo más profundo de mi ser , lo que me venga en gana en cada momento, sin tener que rendir cuenta por ello escribiré para mí, pero abierto a todos. La puerta está abierta, vosotros mismos