Tradicionalmente el mes de noviembre ha sido considerado un mes donde se rememora a los ausentes, los desaparecidos y a veces olvidados. Para los que tenemos una edad apreciable, el inicio del mes de noviembre era sinónimo de don Juan Tenorio y su celebre, … no es verdad ángel de amor que en esta apartada orilla…, que nuestro más insigne amante le manifestaba a su amada Ines.
Sin embargo, estos últimos años adquirió un significado nuevo y especial para mí el penúltimo mes del año, dejó de ser el mes para evocar a los seres amados que nos dejaron físicamente y comenzó a significar el mes de la esperanza y de la ilusión, un mes donde muchos sueños se hacían realidad, donde la fantasía no era sinónimo de utopía.
Gozaba comprobando como se desojaba el calendario, como se aproximaba el día que recorrería kilómetro a kilómetro hasta deshacer esa enorme distancia que me separaba de la persona deseada y así poder adentrarnos en ese mundo mágico de fantasías y sueños que habíamos creado.
En los prolegómenos del primer encuentro necesitábamos encontrar un lugar acorde con esos sueños, desde el primer momento que lo vi quedé prendado de ese sitio, a pesar de la incertidumbre de saber si encontraría realmente lo que mostraban en una página web, la decisión final fue acudir a ese lugar, un lugar del interior de cataluña.
Encontramos un pueblo donde al pasear por sus estrechas callejuelas empedradas, junto a los muros de piedra de sus casas, nos hizo retroceder varios siglos al tiempo que disparó la imaginación.
Entre los muros de piedra y vigas de madera de la casa, antaño parte del establo, se despertaron las más bajas pasiones, se desbordaba la excitación y junto a un fuego encrespado y anaranjado aquellos lejanos sueños en la distancia comenzaron hacerse realidad.
El deseo dio paso a la lujuria, la pasión se antepuso a la razón, los jadeos se entremezclaban con la música que envolvía la estancia, un halo de sensualidad, gozo y placer absoluto invadía toda la casa.
Los primeros escarceos sexuales, los primeros juguetes fueron sustituyendo los incipientes jadeos por gritos de placer, el primer esposamiento, la primera lazada sobre un torso desnudo, el primer mordisco en un cuello desnudo, en un pezón endurecido, en un clítoris escondido, el primer dolor satisfactorio que se funde con el placer, las primeras marcas...
Llegaron nuevos meses, nuevas ubicaciones, nuevas satisfacciones, nuevos sueños hechos realidad, nuevas fantasías, pero aún así consagramos el mes de noviembre y esa pequeñita y coqueta casa de piedra del interior en algo venerado año tras año.
La melancolía se ha apodera de mí ser ante un nuevo mes de noviembre, la desilusión se agranda por la imposibilidad de un nuevo desplazamiento, la consternación se incrementa por el recuerdo de una fantasía, transitoria, exigua, pero sumamente gratificante que cayó en el olvido.
Pero el sol vuelve a salir tras la tormenta, el cielo vuelve a despejarse mostrando un color que parece más intenso que antaño, impulsando con fervor el deseo del retorno, del resurgir de los sueños de construir nuevas fantasías, de descubrir nuevos placeres y de hallar nuevos gozos.
Volverá un nuevo mes de noviembre, resurgirá el nerviosismo del encuentro, el adentrarse por la carretera, el retroceder varios siglos al pasear por el pueblo empedrado, nuevamente mis dientes marcaran un cuello desnudo, unos pezones endurecidos, un clítoris escondido, compatibilizaré nuevos juegos con otros antiguos que concluirán por igual en la pasión, la lujuria y el desenfreno.
Nuevamente será deseado, quizás hasta se vuelva a consagrar como el mes del encuentro, un mes en el que se ha rememorado a los ausentes, a los desaparecidos, aunque no así a los voluntariamente ausentados o desaparecidos…