lunes, 7 de septiembre de 2009

Resentimiento, (2ª parte)


… Transcurrieron los meses, una tensa calma existía entre los cónyuges, las horas frente al ordenador aumentaron considerablemente ante una aparente indiferencia por parte de su esposo. Se convirtió en habitual la situación de estar distanciados dentro del hogar.

Con el paso de los días se sentía cada vez más exultante y jovial, mostrándose más comunicativa y dejaba de ocultar los chats que visitaba y lo popular que era en ellos. Él apenas mostraba interés en chats, le parecía ridículo que la gente permaneciera tantas horas hablando tan fríamente como era escribiendo solos delante de una pantalla.

Dejó de preocuparse que su pareja quedase dormido para levantarse y conectarse. La cama únicamente la calentaba un solo cuerpo y el sexo entre ambos se convirtió en algo secundario. La realidad es que hacía tiempo que esto sucedía, aunque en los últimos meses era mucho más patente. Cientos de escusas le impedía gozar de ella y con ella.

Le resultaba difícil mantener esa situación, pero se resignaba por el amor que sentía hacia ella y era consciente que la línea que separa el amor del odio es extremadamente fina y en ocasiones se vuelve bastante difusa. Seguía convencido que se trataba de un hecho puntual, que podría ser incluso beneficioso para reconducir la situación en la que se encontraban, quizás por desconocimiento, no advertía el peligro que significaba las amistades vía internet.

Cierto día mientras comían, le manifestó que el sábado siguiente saldría a cenar con unas amigas y posteriormente irían a tomar unas copas. El se sorprendió porque desde que estaban juntos jamás le había manifestado algo así, pero no quiso darle mayor importancia.

Cuando despertó descubrió que su esposa no había regresado, por lo que se alarmó y llamó a su móvil con rapidez. Daba el tono de llamada pero no contestaba. El nerviosismo se incrementó extraordinariamente, volvió a llamar y esta vez sí que escuchó la voz somnolienta de su pareja. Al preguntar si le había sucedido algo al no regresar, ésta le manifestó que se les hizo tarde y al haber ingerido varias copas prefirió pernoctar esa noche en casa de una de las amigas.

Evidentemente no convenció a su esposo, muy posiblemente ni pretendió convencerlo…

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