…Inesperadamente sintió un frío intenso en el bajo vientre, una lágrima de agua helada descendió hasta su vulva perdiéndose en la abertura y alcanzando el clítoris.
Fauno jugueteaba restregándole un cubito de hielo, sintiendo como los vellos del vientre de Desiree se erizaban y ésta forcejeaba con sus ligaduras por la sensación de frío.
Desplazó el hielo hasta el sexo, lo que provocó un estremecimiento y un amago de cerrar las piernas pero sus intentos fueron vanos. Al mismo tiempo que se derretía el hielo por el calor corporal, la lengua de Fauno jugueteaba con la zona más erógena de Desiree.
Se arrodilló junto a los glúteos de ella, le elevó las caderas para permitir una óptima penetración. Con parsimonia ahondó el carnoso balano en la húmeda vagina. Se aferró a los muslos para profundizar todo lo posible la cálida gruta.
La cabalgó una y otra vez, incrementando la velocidad conforme aumentaban los gemidos. Se la ingenió para introducir una mano entre ambos cuerpos y un dedo bien lubricado comenzó a merodear el ano hasta que se perdió en él. Cuando se relajó tras parecer una posesa, volvió a auparla aún más para enfilar con el glande el dilatado y lubricado orificio oscuro.
Comenzó a penetrarla con delicadeza y precaución, masturbando constantemente el clítoris. Desiree balbuceaba, -despacio, despacio, así, así, sigue así.
Instantes más tardes, Fauno tensó los glúteos y una explosión de semen brotó de su interior con virulencia alcanzando los pechos de Desiree.
Al despertar, junto a Desiree había una nueva rosa junto una nota,… “cada vez me haces disfrutar más”.
Los encuentros cada vez eran más frecuentes, Desiree los esperaba expectante para descubrir que nueva sorpresa le depararía en cada ocasión.
La dependencia que tenía de Fauno cada vez era más apremiante. Qué lejos quedaban los días de devoradora de hombres, de gatita engreída que conseguía que todos comieran de su mano, cuando se reía a carcajadas si le hablaban de amor…
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