…Fauno leía circunspecto lo que le escribía Desiree a su regreso del viaje. Por primera vez había sentido lo que era tener no uno, sino varios orgasmos, a cual más intenso. Había gozado como nunca antes lo había conseguido. La escenificación de su encuentro, el morbo de no poder identificar a la persona que la estaba poseyendo la excitó desmesuradamente. Estaba convencida que quería entregarse a él, someterse a sus deseos e incluso a sus caprichos. Estaba locamente enamorada de él y lucharía hasta conseguir ser suya. Ansiaba ser reconocida como su pareja y poder divulgarlo a todo el mundo.
El cuerpo era el mismo de la mujer acaparadora, vanidosa y arrogante que se jactaba de utilizar a los hombres como simples klínex de usar y tirar. Como juguetes rotos con los que satisfacer sus más ardientes pasiones. El cuerpo permanecía igual de lozano y prieto, pero la mente correspondía a una mujer completamente distinta, sus sentimientos era de sumisión, de docilidad y mansedumbre hacia un hombre que se había apoderado de su corazón y de su mente.
Entendió que no debía atosigar a Fauno. Aunque era parco en demostrar la totalidad de sus sentimientos, intuyó que también para él había sido una experiencia enriquecedora y gozosa. Soñaba con un nuevo encuentro y esas fantasías se traducían en exuberantes masturbaciones al abrigo de la noche.
Aproximadamente un mes más tarde volvieron a quedar en la misma ciudad donde lo hicieron la primera vez, nuevamente Fauno le envió las indicaciones oportunas del hotel y la habitación mediante un sms.
Una vez más encontró la puerta de la habitación encajada, aunque esta ocasión estaba más sombría, iluminada tímidamente por las dispersas luces del exterior.
- Fauno?...
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