
Mi mirada escudriñaba tu mirada, se desvanecía entre el verde intenso y el verde turquesa de tus ojos para perderme en ellos para marchitar mis férreas defensas y entregarme a ti.
Creía perder la cordura, el raciocinio o la equidad de la que siempre hacía gala, pero la atracción de tu mirada abatía mi entereza y poco más que me plegaba a ti, a complacerte, a saciar tus deseos, a colmar tus ilusiones, hacerte gozar.
Me desconcertaba debido a mi egocentrismo a mi egoísmo desmesurado, hasta que comprendí que esa entrega no significaba vasallaje, sometimiento o sacrificio, sino unas capitulaciones para traspasarnos mutuamente cada uno de esos sentimientos para disfrutar, excitarnos y llegar a estremecernos…
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