
Una Noche cualquiera a mi puerta llamó la fortuna, y una noche cualquiera es normal que yo estuviera allí. Esta noche tengo más de lo normal y tu cuerpo se me antoja el eslabón entre la tierra y el cielo, lo real de lo irreal.
Quiero que esta noche sea tu noche y la mía, quiero que sea un recuerdo que no olvidaré y mientras pasen los días teñidos de azul y queme mi cara el viento del sur, siempre será aquella noche tu noche y la mía.
Me abrí paso a codazos y burlando el fracaso me metí en su corazón. Ella es puro nervio, ella es puro sexo, ella es ella y nada más. Es ya tarde y sus ojos siguen ahí, y es que son ideales para perderse en ellos. Mueve tu cuerpo frente a mí, desnúdate, hazme feliz.
El mundo ajeno a lo nuestro iba a su velocidad mientras que ella y yo anudados nos prometimos el mar lleno de vida y de sal.
Por ti sería capaz de quitar la luz del mundo, de reír como un poseso, sólo por oír tu voz. Déjame creer que merece la pena pensar que a menudo alguien como yo pueda caminar como un hombre cualquiera, dueño de sus pasos y su dirección.
Ella es y será todo para mí, hoy ya se que no he de buscar más alguien para compartir el caminar. Siempre supe que el amor es cuestión de dos y ahora estoy seguro de que de los dos uno siempre se deja querer, es más cómodo y sencillo aunque no tenga emoción.
No me importa ir de puntillas por tu piel, pero no me pidas más de lo que soy, me la juego a cada instante ganador o perdedor por seguir siendo esclavo de tu amor. A menudo me pregunto porqué siempre que me besas me desahogo. Ni la distancia ni el tiempo es un precio por seguir encadenado a tus labios. Muerde bien y no sueltes, dame un poco de dolor. Y es que no hay droga más dura que el amor sin medida, no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Nena dime cuando por última vez tú me distes un beso sin saber porqué, y aunque me escueza hasta el alma, miénteme hasta reventar, dame mentiras que sepan a cielo vestidas del mejor disfraz. Ella me dió cuanto se puede dar, eso decía y yo la creí. Sabias mujeres en eso de mentir.
Miraba el cielo perdido, pensando que hago aquí, miro hacia delante, miro para atrás y siempre me encuentro fuera de lugar. Tan difícil como hacer fuego sólo con los ojos, es burlarse del destino, cuando menos te lo esperas suelta un golpe y te demuestra quien es el que manda aquí. Y la noche de sus vidas se fue yendo como vino, en un susurro, si valió la pena el tiempo lo dirá.
Si se te ocurre decirme te quiero, no quiero nunca saber el como ni el porqué, no me interesan ni las maneras, ni los motivos que tú utilizas en tu querer. Se miraron a los ojos hasta verse el uno al otro el corazón, si es que queda después de decirse adiós. Se que no habrán más mañanas que nos vean despertar. Nunca amanece para todos igual, a algunos le tocan rosas sin espinas y a otros, espinas sin más.
No diré que fue un infierno, pero tampoco fue tierno. No me des si no quieres de tu vida un retal, pero quítate de en medio y permíteme pasar. Me dejaste como una hormiga sin antenas, y tú fuiste un ciempiés sin tus ciempiés, he perdido el rumbo y sigo a duras penas intentando no volverme del revés.
Y en medio de ningún sitio, de la llanura infinita por donde no pasó el tren, allí cruzaron sus vidas. Dicen que el tiempo es la cura, pero nadie me asegura que no vaya a estar aquí, sentado en una escalera, acordándome de ti. Fuiste como un vendaval que atravesaba por mi vida y la corriente me estrelló contra el color de tus ojos, me quedé sin voluntad y convertiste mi amor en algo de usar y tirar.
La vida sigue y yo también, y aunque dicen que el tiempo no pasa en balde, sigo siendo el mismo hombre con algunos años más. Se que al final para mí habrá días de vino y rosas, mi vida será hermosa. Voy a quemar para siempre en la hoguera del tiempo lo que tú y yo pasamos, tristes y heridos en el corazón, de nada sirve vivir con dolor.
Faro que alumbras al mundo por encima de la tempestad, devuélveme la esperanza y que brille mi estrella, pero no en soledad, oye mi voz, mi última oportunidad, faro que alumbras al mundo, alumbra mi vida.
Tras hacer un humilde homenaje a Joaquín Sabina, he querido rendir tributo a otro de mis cantantes favoritos, Carlos Goñi, o sea Revólver y a través de las letras de sus canciones crear un relato.
Los títulos de las canciones que me han prestado parte de ellas son: Tu noche y la mía, La fortuna, Nacidos para la gloria, Lisa y Fran, Esperando mi tren, Tu lado bueno, Balas perdidas, Faro de Lisboa, He de salir, Rodrigo y Teresa, San Francisco, San Pedro, El aire sabe a veneno, El dorado, El mismo hombre, Ella es y será todo para mí, Esta noche tengo más de lo normal, Mi rendición, Es lo que hay lo que hay, Los surcos de tu espalda, Reír y llorar, Dentro de ti, Dos por dos, Esclavo de tu amor, Fuera de lugar, S es tan sólo amor, El roce de tu piel, como único equipaje, Te quiero, Mueve tu cuerpo frente a mí, Sara.
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