
Queridos reyes magos Melchor, Gaspar y Baltasar, hoy vuelvo a escribiros tras un paréntesis de treinta años desde que os escribí la última carta, entonces creí falsamente que no existíais y he necesitado todo este tiempo para comprender que desde esa última carta perdí una ilusión verdaderamente importante.
Con esta nueva misiva os pido un único deseo, quizás algo extenso, pero confío en vosotros tres y en vuestra magia.
En mi última carta os pedía un muñeco, el amante ideal de mis muñecas con los que imaginar mil historias a pesar de mi tierna edad, hoy por el contrario os pido un hombre para mí, un hombre de carne y hueso que vuelva a ilusionarme como antaño. No os pido ningún príncipe azul que me deslumbre con su corte y sus palacios, aunque si un simple vasallo que me haga su reina. Tampoco os pido un enamorado, no necesito que me digan que me quieren cuando me demuestran poco cariño y prácticamente me tengan olvidada, eso me recuerda un viejo refrán que decía “mucho te quiero perrito, pero pan poquito”.
Lo que deseo es un hombre que me haga vibrar, quiero que me arrastre a un mundo de sueños y fantasías donde poder gozar. Deseo a una persona que igual desee hacerme el amor con un romanticismo meloso, que follarme apasionada y lujuriosamente, que no piense únicamente en su satisfacción personal, sino que goce sintiéndome gozar.
Deseo un hombre que se embelese observándome dormida, que me abrigue con su cuerpo y me de calor con sus besos, que me despierte entre caricias. Deseo alguien que participe y me haga participe de cuantos juegos se nos ocurran y no permita que la monotonía se nos acerque.
Espero queridos reyes que no os resulte demasiado complicado encontrar para mí un hombre así, tras enviaros esta carta me iré a la cama con la esperanza de que al despertar me hayáis complacido…
No hay comentarios:
Publicar un comentario