
- Me gustaría que pasaras unos días conmigo en mi casa de la sierra…
- ¿Estas segura que es lo que deseas?...
- Jamás he estado más segura de desear algo…
Javi y Marisa se conocieron meses atrás en uno de tantos chats que ambos frecuentaban, aunque se conocían, nunca habían confraternizado. Todo cambió una noche que Javi le envió un privado a Marisa para hacerle un comentario, a partir de ese momento se fueron apartando paulatinamente de la sala general para conversar privadamente.
Rápidamente comprendieron que se entendían a la perfección, Marisa a pesar de su espontaneidad, era bastante tímida y reservada, una mujer extremadamente fogosa y sensual, pero que esa timidez llegaba a significar una tara para ella. Sin embargo notaba como se le abría el alma con aquel desconocido, Javi le daba una confianza desconcertante, llegó a sentirse poseída por las palabras que le escribía noche tras noche, éste a su vez se sentía agradable y cómodamente hablando con ella, las horas transcurrían como si fuesen minutos, en todo momento las conversaciones eran de lo más amenas, aunque en ocasiones bastante trascendentales.
Cuando escuchó el deseo de Marisa casi se le heló el alma, la deseaba en silencio, pero no quería precipitarse dando un mal paso y hacer que se desvaneciera la magia que se estaba originando.
Los kilómetros los iba devorando incansablemente, en el horizonte divisaba unas tétricas nubes negras que parecían desear verter la acumulación de agua que retenían en su interior. Los pronósticos se hicieron realidad una lluvia persistente lo acompañó buena parte del viaje, ascendiendo a la sierra las gotas de agua cedieron el protagonismo a los copos de nieve, un tenue manto blanco comenzó a cubrirlo todo.
Él especuló con llegar al anochecer, mintió, a medio día se encontraba frente al portón de madera maciza que daba acceso al chalet, como pudo se encaramó a la valla y la telefoneó, con voz crispada y melancólica se disculpó por no poder acudir a la cita, pero todos los kilómetros que había hecho al final fueron en balde ya que en el ascenso a la sierra se quedó bloqueado por la nieve.
La cara de felicidad de Marisa al observar la pantalla del móvil y advertir de quién era la llamada se tornó en desolación, se encontraba de pie tras un inmenso ventanal y se sentó abatida en una silla. Él la observaba desde la distancia, pudo percibir lo afligida que se encontraba.
- luciendo un vestido tan hermoso como ese, debería estar prohibido entristecerse.
Al escuchar aquello Marisa se levantó de la silla como si hubiese sido catapultada y se dirigió al ventanal, allí estaba Javi encaramado a la valla como un adolescente travieso.
Su primer contacto, ahora no había pantalla entre ambos, no se escuchaban en la lejanía, estaban frente a frente y una especie de descarga eléctrica pareció atravesarlos la cual se disipó cuando se fundieron en un abrazo, al sellar los labios con un beso apasionado y demasiadas veces soñado. Las lenguas comenzaron una danza frenética que parecía no tener fin.
La nevada cada vez era más copiosa, el viento quería unirse a la fiesta y tener su parte de protagonismo, silbaba entre las ramas de los árboles más cercanos, desgajaba algunas de las más endebles. En el salón del domicilio en cambio la temperatura aumentaba progresivamente. El crepitar de la leña ardiendo, el olor de los troncos quemados creaba un halo de sensualidad junto con el aroma de Marisa, aroma proveniente de un cuello terso que era bocado para Javi que lo besaba, chupaba, lamía interminablemente al tiempo que sus manos buceaban entre la ropa de ella, sus dedos sondeaban su gruta caldeada y viscosa.
Cuando la excitación, la fogosidad se convertía en impaciencia, ella le requirió que la acompañara y que llevara la botella de cava. Subieron a una segunda planta de la vivienda, allí se encontraba la terraza, ero al traspasar una doble puerta se encontró con una especie de habitáculo acristalado, el suelo estaba cubierto por una moqueta que imitaba un césped y en el centro se encontraba un jacuzzi de considerables dimensiones con agua burbujeante y caliente.
Entre caricias, besos y algún que otro sorbo de cava de boca en boca, Javi desnudó a Marisa, conforme se desprendía de las prendas le mordía el cuello, los pezones, ella lo desnudó más rápidamente y se aferró a su miembro rígido como un témpano de hielo y se introdujeron en el jacuzzi.
Javi la sentó en unos de los asientos sumergidos, ella reposó su rubia cabellera sobre el borde, él se sumergió y abriéndole las piernas adosó su boca al sexo de ella, se aferró a su cintura para hacer más efectiva la unión, con la punta de la lengua acariciaba la vagina para ahondarla en ella posteriormente, Marisa se aferraba a su ondulada melena y presionaba hacia ella. Javi contrarrestó ese esfuerzo y emergió, tras una bocanada de aire se sumergió nuevamente en busca de esa gruta voluptuosa. Un grito placentero dejó escapar Marisa cuando sintió su clítoris aprisionado por los dientes de Javi, lo mordisqueaba y lamía a un mismo tiempo.
La nieve se acumulaba en la cúpula, el viento insistía sonoramente en adentrarse en el habitáculo, Javi se sentó y acopló a Marisa sobre él, la candente hendidura engullía pausadamente su puntal pétreo y venoso. Mientras la penetraba sus dedos hurgaban la estrecha oquedad trasera dibujando círculos periféricos hasta profundizar uno de ellos, a medida que la excitación aumentaba, un segundo dedo tenía cabida, pero ella deseaba más.
Agarró el falo cautivo en su celda carnosa y lo dirigió a un recinto restringido y exclusivo, se sentó con delicadeza sobre él, sintiendo como el bálano se abría paso sin demasiada resistencia.
Los pezones erguidos de Marisa eran una provocación para Javi, los atenazó con sus dientes y en plena excitación los mordió hasta marcarlos. Marisa parecía estar poseída, lo besaba, chupaba, lamía entre gemidos y jadeos, cada vez su balanceo era más pausado, se sentaba hasta enterrar todo el pene en su interior. Los músculos se le atenazaron, se abrazó con fuerza a Javi, posteriormente llegó la relajación aunque él continuó penetrándola unos minutos más mayor ímpetu.
La nevada cada vez era más copiosa, sin embargo Javi y Marisa continuaban gozando bajo la nieve.
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