
A veces, demasiadas veces derrochamos el amor en determinadas personas, en ocasiones hasta en quién no se lo merece, pero sin embargo no nos amamos nosotros mismos, o quizás no nos amamos tanto como deberíamos amarnos.
Yo comencé a amarme, siempre he sido un despilfarrador de amor con los demás sin importarme la racanería de algunos amores correspondido, pero decidí que no era justa tanta dilapidación, así que comencé a amarme más y cada vez más.
Es cierto que de este modo limito el amor a otra persona, ahora tendré que aprender a equilibrar la balanza, ni era justa una cosa, ni lo es tampoco la otra, eso sí, desde que comencé a amarme más concienzudamente, comencé a desechar todo aquello que podría ser insalubre para mí, determinadas personas, ciertos sentimientos, algunas situaciones concretas.
Al amarme más, incidí en la necesidad de vivir el día a día con una mayor intensidad, postergando un pasado que quedó atrás, sin prevenir un futuro que llegará como tenga que llegar, pero en el día a día es donde me tengo que concentrar.
Alinear el corazón y la mente en el mismo eje, complementar uno con el otro para una mayor satisfacción, es una complicación porque ambos ejercen
No hay comentarios:
Publicar un comentario