domingo, 3 de junio de 2007

El último viaje


Una vez escrito el título, creo que puede llevar a una idea equivocada, puede hacer pensar en un post bastante tétrico, vamos que se pudiera referir al último viaje que suele hacerse bien acomodado en una caja forrada, pero no, para nada esa es la intención.

Hace unos días encontré por casualidad en lo más recóndito del disco duro de mi ordenador un archivo titulado Mi diario, una persona que fue muy importante para mí narraba en él unas jornadas en la localidad costera catalana de Sitges, pues bien, este diario me sugirió la idea de hacer un post-diario de mi último viaje, el realizado la semana pasada.

Tuvo un significado especial para mí ya que por el mismo motivo por el que viajé, debí hacerlo el año pasado pero un accidente un par de días antes de la partida me lo impidió. Me dirigía al pirineo oscense, más concretamente a la ciudad de Jaca. Quise hacerlo de la misma forma que lo planifiqué un año antes, aunque esta vez iría sólo. Viaje en avión hasta Barcelona, una vez allí alquilar un automóvil y completar por carretera el recorrido.

Llegué a primera hora de la mañana, un día luminoso, con cielo despejado y bastante calor me recibió en el aeropuerto del Prat. En un primer momento pensé en quedarme en Barcelona hasta primeras horas de la tarde y después de comer, ya con menos calor emprender la ruta en coche. Una vez recogí el equipaje, envié un par de sms de saludos, pero la respuesta recibida me dejó bastante contrariado, enojado y también entristecido, aunque ciertamente creo que debí esperar algo así, no obstante se evaporaron las ganas de permanecer en esa ciudad y emprendí el segundo trayecto bajo un sol de justicia.

Aunque indignado y enfurecido, el escuchar a los irlandeses The Coors y a U2, junto con la llegada a la cumbre del puerto de Monrepós con unas vistas majestuosas de los pirineos al fondo pincelados de blanca nieve, templaron las sensaciones de irritabilidad y tristeza al tiempo que incrementaron el animo.

El intenso calor padecido durante las horas de viaje, disminuyó con el ocaso y un aire fresco que comenzó tímidamente. Al día siguiente la climatología tan caprichosa cambió radicalmente, el cielo cubierto anunciaba lluvia y no tardó en aparecer, arreciando a lo largo del día con granizada incluida. La competición programada para el sábado peligraba, uno de los organizadores y participantes, mi hermano Juan Manuel se mostraba preocupado junto a los colegas organizadores, la incertidumbre del tiempo continuaría hasta la mañana del sábado cuando se decidiría el tipo de ejercicio a realizar y si éste se podría realizar.

Amaneció con el cielo cubierto, amenazadores nubes negras preñadas de agua avanzaban hacia nosotros, definitivamente se variaría el ejercicio. A los pocos minutos de iniciarse, una fina llovizna se precipitaba sobre nosotros, aún así los participantes concursaban a buen ritmo. Una barbacoa humeante por la grasa desprendida de las viandas puestas al fuego para reponer fuerzas, la competición avanzaba. A primeras horas de la tarde concluyó el campeonato, recogida y prepararse para la cena donde se entregarían los trofeos a los triunfadores.

La mañana del domingo volvía a ser soleada, un fresco aire del pirineo azotaba mi rostro provocando que la piel se erizara por el frío mañanero, una vez el equipaje en el coche, retorno para Barcelona, los rayos del sol caldearon el vehículo, por lo que se me antojaba volvería a pasar calor en la carretera.

Inminentemente antes a iniciar la ascensión al puerto de Monrepós, me detuve en la localidad de Hostal Ipies para comprar chocolates de la abuela, no es que tengan allí a una abuela vendiendo chocolate, sino que hay una chocolatería que se llama así. Multitud de chocolates de sabores variados, con canela, con jengibre, con naranja, con limón, con fruta de la pasión y un largo etc que mejor no recordar porque se me está haciendo la boca agua amenazando con babear y mojar el teclado.

Con el sol en todo lo alto, el calor se dejó sentir durante el viaje, sobre todo por los paramos de Aragón, adentrándome en Cataluña el calor se vio mitigado parcialmente por el viento. Llegué a Barcelona con bastante anticipación ya que en contra de las recomendaciones de la Vía Michelín, no me detuve salvo para repostar combustible, así pues me restaba aún varias horas para entregar el vehículo y encima tenía bastante combustible en el deposito, y claro, una cosa es ser un andaluz generoso y otra regalar tiempo alquilado y gasolina cuando me lo entregaron con la gasolina justa para llegar a la gasolinera que se encuentra a la espalda del rent a car, se apoderaría de mí el espíritu catalán?, jajajajaja.

Sea como fuere quería disfrutar del coche por la ciudad condal y aledaños. Habitualmente marchaba hacia el Maresme, pero como ya nada me incitaba a dirigirme hacia allá, me encaminé hacia la comarca de el Garraf que también es conocido por mí. Elegí una ruta turística y bastante sinuosa que es bordeando el mar, todas las curvas del mundo se encuentran en ese tramo de carretera hasta Sitges, atravesé la ciudad y me dirigí a Vilanova i la Geltrú.

Un fuerte viento de poniente aguardaba mi llegada, volví a recorrer una vez más el paseo marítimo de Vilanova, multitud de recuerdos retornaron a mi mente, recuerdos de un pasado que quedó sepultado en el tiempo.

Me dirigí a un espigón donde se encuentra una vaca preñada de una bella dama de hierro. Observando la vaca no dejo de preguntarme si era soledad o puro vicio el del ganadero con esa vaca para preñarla, pero vamos aburrirse no se aburría al llevarla a pastar. El fuerte viento levantaba una nube polvorienta de la arena de la playa, por un momento me sentí como un boquerón, bueno ya que estaba en una playa catalana sería un seitó harinado.

Me tomé un cafetito en una cafetería junto al paseo, fue entonces entre meditaciones y sorbos que me percaté que Namor, el príncipe de los mares está limitado de poderes, al menos carece del poder mental para localizar personas, gracias a esa carencia se libró de estirarse el compañero SirRobcn, jajajajaja.

De regreso a Barcelona, esta vez por una autopista colapsada, entregué el vehículo, dejé el equipaje a buen recaudo en el aeropuerto y me dirigí en tren hacia la estación de Sants con una bolsita de papel de chocolates de la abuela y en su interior una cajita de chocolates variados prometidos a una amiga. En la estación debía de esperar a estos amigos chateros, llegado a este momento aprovecho para agradecer a los mirindos por haberse desplazado desde su localidad para pasar unas horas conmigo. No dirigimos hacia las proximidades del puerto donde cenamos en una terraza frente al mar. No se si debido al calor, al fuerte viento de poniente o que cohones me ocurrió, pero a última hora de la tarde comencé a no sentirme demasiado bien, por ello no quise ponerme púo en la cena, cenar fuerte vamos, así que pedí simplemente una ensalada de atún, pero ante mi sorpresa, no sólo tenía las verduras propias de una ensalada más el atún solicitado, al hurgar en el interior descubrí que llevaba también garbanzos, donde se ha visto una ensalada de atún con garbanzos?, en Barcelona la comí yo, jajaja.

Charla, risas, comida y bebida, al finalizar decliné quedarme a tomar las copitas que pensaba tomarme y me acercaron al aeropuerto donde esperé que saliera el vuelo de regreso a casa.

¡Vuelo!, uff, que fatiguita pasé en ese vuelo, hice esa ruta montones de veces estos últimos años, pero han sido estos últimos 75 minutos de viaje los peores que hice a… y pico pies de altura.

Será este viaje desde Barcelona el que me ha inducido a escoger el título del post?

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