sábado, 31 de marzo de 2007

Mi mar, tu mar, nuestro mar


Hoy anduve caminando por la playa, me adentré en el rebalaje, las olas del mar cubrían mis pies, parecía como si pretendiera atraerme hacia él, volvía a pertenecerle porque él es mi mar, tu mar, nuestro mar.

El rompiente de las olas me preguntaba por ti, sí, me preguntó por ti, mi mar, tu mar, nuestro mar.

Me sorprendí, quedé aturdido, no supe que responder pues tampoco se nada de ti, como a él se me olvidó tu voz, se me desvaneció tu rostro, no recuerdo tu mirada.

El mar se enfureció, mi mar, tu mar, nuestro mar, se agitó, embraveció, proyectaba olas amenazadoras que subyugaban con facilidad las escolleras protectoras.

Sentí temor de mi mar, tu mar, nuestro mar, parecía querer castigarme por mi torpeza, se enfurecía por mi despreocupación hacia otro ser tan suyo como lo era yo.

La ira se incrementaba, un rugir tenebroso surgía de su interior, cambió el color de sus aguas, sustituyó el color de la vida y esperanza por el del desprecio y el odio. Corrí atemorizado para alejarme de él, de mi mar, tu mar, nuestro mar…

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