lunes, 5 de marzo de 2007

A solas conmigo


Cuando la presión era más acuciante, cuando la soledad se convirtió en una necesidad imperiosa, cuando quería formatear mi mente, decidí huir, corrí hasta terminar con los músculos entumecidos, extenuado.

Me oculté, me escondí, me mimeticé con el terreno para pasar desapercibido, pero comprendí que hiciera lo que hiciese, no tendría escapatoria, me resultaría completamente imposible zafarme, evadirme.

Todos mis esfuerzos resultaron baldíos, pues siempre me encontraba a solas conmigo.

No hay comentarios: