
Hace sólo unos días concluyó la décimo octava edición del campeonato de España y de Europa de baile retro celebrado en Torremolinos, uffffff como pasa el tiempo, y lo peor de todos es que pasamos con él.
Con la primera edición del campeonato en Torremolinos supe de que iba todo esto del baile retro, mi ignorancia me hacía pensar en un grupito de personas con más años que el andar hacia delante, tremendo error sobre todo al comprobar la gran afluencia de participantes de España y de Europa y las edades de los mismos, ya que las categorías van desde los menores de 12 años, de 12 a 18 años, otra va desde los 18 a los 30 años, de 30 a 50 y por último los mayores de 50 años, y las modalidades de baile, vals, tango, pasodoble, cha cha cha, salsa, rock’roll, javá, sevillanas, danza española o baile artístico.
Y toda esta paja para comentar que al anunciar la nueva edición volvieron a mí algunas anécdotas que viví acudiendo a tal evento, entre ellas he destacado la del baile del emperador.
Una determinada noche del campeonato, se celebra el baile del emperador, esa noche el pabellón se viste con sus mejores galas, es imprescindible acudir con smoking o frac ellos y con vestido largo y blanco ellas, gracias a este invento se le da una segunda oportunidad de ser lucidos cientos de vestidos de novia. La ceremonia consiste en elegir a un emperador y a una emperatriz entre los famosos, famosillos o conocidos de cualquier medio, este año la figura del emperador la encarnó mister España y la de la emperatriz miss España.
A los emperadores los precede la corte de damas de la emperatriz y la de caballeros del emperador, así como una guardia de gala. Una vez toman posición del trono de un imaginario palacio austriaco, inauguran el baile, esa noche todo el patio de butacas se convierte en un enorme salón de palacio y todo el mundo perfectamente ataviado comienzan a bailar vals vienes, intercambiándose cada cierto tiempo las parejas.
Como dije anteriormente esa noche todos los asistentes han de acudir de etiqueta y entre ellos me encontraba yo emulando más a un James Bond a la andaluza que a un bailarín de vals. Junto a unos compañeros custodiaba el acceso al bar para evitar que se entrara o saliera por la entrada principal mientras duraba el baile.
Aquel año me aproximaba a la cuarentena, vamos que estaba ya talludito, observaba la evolución de los danzarines, algunos de verdad habría que echarles de comer aparte, pero esa noche había que lucir nuevamente el traje blanco y el bailar era lo de menos.
Cuando me encontraba más ensimismado, cuando las notas musicales del vals vienes se repetían machaconamente en mi cerebro, se acercó una dama que bien podría haber sido mi madre, por edad y por físico, bueno por físico superaba con creces a mi madre, sin mediar palabra me agarró y me dijo que tenía que bailar con ella, de nada sirvió que le dijera que era de seguridad y me encontraba trabajando, que no tenía ni pajotera idea de cómo se bailaba eso. Ninguna excusa le valió a la señora, me vi atenazado por ella llevabandome en volandas.
Vuelta tras vuelta miraba al palco para comprobar si mi jefe o cualquier miembro de la corporación se había percatado de mi presencia danzarina, pensé que de perdío al río, además no se ha dicho siempre que al turista una sonrisa?, pues esa sería mi excusa en caso de necesitarla.
Cual no sería mi sorpresa que cuando atravesé toda la pista cual peonza bicolor, pensaba escabullirme, pero en el lado opuesto de la pista esperaba un grupito de amigas de la señora y al grito del speaker de cambio de pareja, me enganchó la que podría ser una de mis tías y retorné entre giros y vueltas a mi posición inicial.
Y dancé también yo esa noche del emperador, sin comentarios…
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