sábado, 3 de febrero de 2007

Viajando en tren, (relato erótico)



Abandonaron el vagón comedor y volvieron a sus asientos, comenzaba anochecer, las gotas de agua de lluvia impactaban sobre las ventanas y se deslizaban copiosamente por ellas. El traqueteo del tren les hacía moverse levemente, sólo varias personas se encontraban en ese vagón, el confort bien merecía el aumento de precio del billete.

La doble clavija del mp3 les permitió que ambos se conectaran y escucharas las canciones consensuadas por ambos, reclinaron el asiento y Gemma se apoyó en el hombro de Javi mientras se tapaban con una mantita a cuadros azules y verdes.

Javi la rodeó con su brazo y le acariciaba levemente la cabeza con los dedos, jugueteaba con sus cabellos, con la oreja que quedó expuesta a su tacto, Gemma a su vez lo tenía rodeado por la cintura con sus brazos, se había inclinado hacia él.

De las caricias en la cabeza pasó a acariciarles los hombros mientras se encontraba absorto en la música, ella extrajo la camisa del pantalón y pasó sus brazos por el interior de ésta, causando un pequeño escalofrío de Javi y es que a pesar de estar tapados con la manta, las manos de Gemma estaban frías como un témpano de hielo.

Entre las caricias y la música parecía que se quedaba dormida, se encontraba muy a gusto, pero una sensación más placentera aún comenzó a apoderarse de ella, las manos que acariciaban el torso y vientre de Javi pasaron a escabullirse, a ahondarse en el interior de los pantalones, Javi sonreía y la dejaba hacer mientras incrementaba sus caricias.

La punta de los dedos comenzó a rozar el sexo escondido de él, pero la opresión del cinturón y de los botones abrochados, impedía una mayor caricia, aún así comenzó a sentir la excitación de éste, como incrementaba su volumen implacablemente.

Javi se estiró todo lo que pudo intentando facilitar dicho agasajo, pero seguía siendo dificultoso por lo que Gemma con suma habilidad le desabrochó la correa y los botones del pantalón con una sóla mano. La aparición por el slip de un glande henchido, el roce y su libertad total indicaron la magnitud de la excitación que había alcanzado.

Las luces del vagón estaban bastante atenuadas, tan sólo el resplandor de las pantallas de los televisores y alguna luz de lectura lo iluminaban, la noche los cubrió y el tren avanzaba entre bamboleos.

Gemma se inclinó y acercó su boca a la férrea masa carnosa, sus labios atenazaron el miembro erecto, su lengua recorrió lentamente el glande y lo succionó, chupaba, lamía con voracidad. La mano de Javi se deslizó por la cintura de Gemma, se adentró en su falda hasta alcanzar el tanga que se incrustaba en sus nalgas, lo apartó para sustituir la tela por sus dedos, rozó, bordeó el ano, acarició el periné hasta encontrarse con una vulva caliente y humedecida.

Acarició la vagina, pero sólo le introdujo levemente los dedos, acariciándole todo el contorno, abandonó momentáneamente la gruta candente para proseguir el recorrido entre unos labios carnosos y se topó con un clítoris emergente y rígido, lo acarició con la yema del dedo circularmente.

Por la presión de los labios sobre el pene supo de la excitación de Gemma al igual que por la impregnación de los dedos, ambos necesitaban más. Ella se incorporó y se sentó sobre él, sentía como se adentraba todo el furor, se dejaron llevar por la excitación. La lujuria, la noche y el traqueteo del tren en su peregrinar.

Jadeos ensordecidos, tímidos gemidos, gritos contenidos pero mucha pasión expandida en el vagón del viejo tren.

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