
Incansablemente sonaba, las llamadas se prolongaban de día, de noche, alegrías, llantos, nerviosismos, ilusiones, desesperación.
Amores, sueños, fantasías, promesas, ilusiones y siempre por el teléfono. Acortaba las distancias, unía los corazones, seccionaba el olvido.
Pero un día enmudeció el teléfono, se acallaron las palabras, se terminaron los sms, se alargaron las distancias y se consolidó el olvido, la muerte de las llamadas telefónicas fue sintomático, definitivamente enmudeció el teléfono.
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