miércoles, 28 de febrero de 2007

Himno de Andalucía



La bandera verde y blanca,
vuelve tras siglos de guerra.
A decir Paz y Esperanzas,
bajo el sol de nuestra tierra.

¡Andaluces levantaos!
¡pedid tierra y libertad!
Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad.

Los andaluces queremos,
volver a ser lo que fuimos.
Hombres de luz que a los hombres,
alma de hombre les dimos.

¡Andaluces levantaos!
¡pedid tierra y libertad!
Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad.


28 de febrero, Día de Andalucía

domingo, 25 de febrero de 2007

Ven, acércate


Ven, acércate, somete tus miedos, ahuyenta tu orgullo que es puro anacronismo, simplemente ven, acércate.

Recelo que cuando se produzca tu acercamiento a mí, no halles al hombre que conociste, aquel hombre que fui. Desconfío poder o saber entregarte todo el amor y el cariño que antaño te ofrecí.

No obstante te digo ven, siéntate en mi regazo, reclina tu cabeza sobre mi pecho, abrázame con fuerza y no me digas nada, tu mirada sustituirá las palabras, tu piel me trasmitirá tus sensaciones, el latir de tu corazón me comunicará tu sentir.

Ven, acércate sin que signifique retroceder en el tiempo, escrutemos el futuro bajo un prisma distinto a como lo atisbamos en el pasado, con un nexo en el presente para armonizar los cambios, para volver a conocernos inicialmente.

Ven, acércate, nunca hubo un final, únicamente un paréntesis, el apoderarse de conocimientos, el adquirir nuevas experiencias y ulteriormente compartirlas mutuamente. Acumulación de pasiones y deseos, madurez mental.

La salinidad del agua de mar varió desde que viertes lagrimas sobre él y es por ello que te digo, ven, acércate, prescinde de ese orgullo nocivo y siéntate en mi regazo, asienta la cabeza sobre mi pecho, abrázame con frenesí y comparte mis sueños sin necesidad de pronunciar palabras…

sábado, 24 de febrero de 2007

La cazadora cazada, (relato erótico)



“Domina casada busca hombre con o sin rol de sumiso para regocijarme fornicando con él delante del cornúpeta sumiso de mi marido”, Al leer ese comentario en una página de contactos se excitó con la idea, le envió un email y esperó si tenía respuesta de ella, leyendo su perfil y observando sus fotos tuvo la impresión que era una cazadora codiciosa, una predadora ávida de poseer más allá de la voluntad y entrega de su esposo, sino de todo aquel que cayese en su cepo lascivo e impúdico.

La aparición de una pequeña ventanita le indicaba que había entrado un nuevo email, se apresuró abrirlo y efectivamente era la cazadora que deseaba conocerlo para tener un primer contacto con él y si había satisfacción mutua acordar el día y la hora del encuentro libidinoso.

Llegó puntual a la cita, pero ella no apareció, se sentó en una mesa y se tomó un primer café, sólo, negro como los pensamientos que se le acumulaban en la mente, a los diez minutos pidió un nuevo café, esta vez con leche fría, y la cazadora sin aparecer.

El nivel de cafeína era muy alto así que demandó un botellín de agua mineral, tras esperar 40 minutos y desesperado abonó la factura para marcharse de la cafetería cuando apareció ella. Se le acercó y con una actitud avasalladora, sólo le preguntó si era quién la estaba esperando, Tiuz. Se acercó para presentarse y darle un par te besos, pero ella rehusó que la besara, con acritud, le recriminó que quisiera facilitarle otros datos más que el nick, no le interesaba en absoluto, como a él no debía interesarle más datos de ella que su nick, de su esposo ni eso.

La conversación bastante rígida, transcurría por unos derroteros inquietantes, ella vislumbró que podría contar con un nuevo y dócil vasallo que se rindiera a sus pies y de esa forma obtener una satisfacción doble, por un lado denigraría a su cónyuge y por otro lado aleccionaría a su nuevo y joven “perrito”.

Con puntualidad británica se personó en el domicilio indicado, percibió como lo observaban a través de la mirilla de la puerta, la abrieron y allí estaba ella, con su melena negra como la noche cayéndole sobre los hombros, lucía un espectacular body de látex de color negro bien ajustado al cuerpo, haciendole resaltar los voluminosos pechos parcialmente visibles al tener ligeramente bajada la cremallera frontal del body. El minúsculo tanga de igual material quedaba unido al body mediante unos aros metálicos. Portaba igualmente un liguero donde tensaban unas medias negras. La parte trasera del cuerpo tan sólo estaba cruzada por varias cinchas igualmente de látex para sujetar el escote así como el tanga.

Sin permitirle decir palabra, le tapó la boca con la mano enguantada, un guante largo que le llegaba al codo también de látex de color negro, le agarró por la camisa y tiró de él. La siguió hasta un espacioso dormitorio, donde se percató desde el umbral de la puerta que junto a una cómoda, frente a la cama había un hombre de rodillas, se encontraba desnudo y con una capucha de cuero en la cabeza y una enorme cremallera para poder desprenderse de ella. Estaba de rodillas, con la espalda pegada a la pared y los brazos abiertos en cruz, unas muñequeras de cuero aprisionaban sus muñecas y las mantenía próxima a la pared mediante unas cadenas.

Ella se tumbó en la cama y le espetó al joven para que se desnudara apresuradamente y se acercara a ella, al aproximarse observó como a la altura de su mano derecha había una fusta de cuero trenzado, la cazadora le conminó a que la satisficiera plenamente.

Las manos se deslizaban por las medias atenazando unos muslos tersos hasta conseguir abrirle las piernas, entonces acercó su rostro al sexo de la mujer, sintió su calor emergente, inhalo la fragancia de la pasión y el deseo. Apartó el tanga y se manifestó un sexo rasurado, una vulva lujuriosa que invitaba a perderse en ella.

Adhirió sus labios a los vaginales de la mujer, cuando está sintió la calidez de la lengua ahondarse en busca de un clítoris camuflado, cerró con fiereza las piernas atenazando con brío la cabeza del joven al tiempo que le agarraba de los cabellos empujándole hacia su sexo, mientras le vociferaba para que no dejara de lamer ni de chupar.

La debilidad en las piernas se producía conforme se aproximaba el orgasmo, con la fusta le golpeó en las nalgas y lo increpó para que la penetrase, así lo hizo, la húmeda vagina acogía con extraordinaria comodidad el falo erecto, lo ahondaba extremadamente lento, para que sintiera todo su poderío poseyéndola, el vaivén era constante, sosegado. Ella se aferraba con fuerza a las sabanas, le clavaba las uñas en la espalda mientras jadeaba y balbuceaba ilegiblemente. El orgasmo le sobrevino entre estertores, acompañado de relajación.

A pesar del orgasmo alcanzado por ella, Tiuz no cejó en la penetración, con un ritmo constante, pausado. Instantes después, volvía a balbucear, descargas eléctricas le recorrían las piernas, un placer intenso se le alojó en el vientre, un nuevo orgasmo estaba próximo, en un momento de lucidez le gritó al marido de forma despectiva que debería aprender del joven “perro” como se satisface a una mujer, la voz le temblaba, un nuevo orgasmo estaba ya en puertas.

Súbitamente la sujetó por las muñecas, le acercó su boca al rostro, y le besó la boca, la resistencia de ella fue liviana, el placer que estaba sintiendo la descontrolaba. Incompresiblemente comenzó a besarlo, quiso acercar su lengua a la de él y fue cuando éste se la mordió y la mantuvo unos segundos aprisionada entre sus dientes, dejó escapar un grito solapado por jadeos y fuertes gemidos, las piernas se le volvieron tensas, nuevamente clavó las uñas en la espalda, la respiración cada vez más agitada, incansablemente le gritaba para que siguiera y no párase. Tiuz se le acercó al oído y le manifestó que en esos momentos la había derrocado de su rol de dominación, ahora sería él quién marcase la pauta que debería seguir ella, para comenzar se paró repentinamente, la “cazadora” le golpeaba las cachas para que continuase penetrándola, pero él se posicionó y no cedió un ápice.

Entre sollozos le rogó que no la dejase así, que continuase un poco más, pero no se consternó y no continuó. Próximo a él halló una bata con su cinturón, se apoderó de él, y con habilidad felina, le amarró las manos al cabecero de la cama. Toda resistencia por parte de ella resultó baldía. Profirió todo tipo de insultos y amenazas, pero Tiuz ni se inmutó, volvió a separarle las piernas y nuevamente aproximó su boca al sexo. Lo lamió, chupó, mordió de forma libidinosa, ella le pedía que volviese a penetrarla, pero se le acercó y malhumoradamente la hizo callar, le recordó que tan sólo era una “perra” sin derecho siquiera a expresar sus emociones, por eso al volver a penetrarla y esta dar rienda suelta al placer que sentía, le tapó la boca y le prohibió terminantemente mostrar jubilo alguno, hasta que él le autorizara a gemir.

Incrementaba sus acometidas, cada vez más profundas, cada vez más pausadas, un nuevo torrente de placer la inundaba e hizo caso omiso a la prohibición de demostrar las satisfacciones recibidas. Con saña le tapó la boca y le increpó con furia que gozaría cuando él se lo permitiese, mientras tanto debería contenerse.

Se contoneaba como una serpiente, se mordía el labio inferior hasta sangrar, balbuceaba tímidamente pero sólo se le podía apreciar una sola palabra, “por favor, por favor…”

martes, 20 de febrero de 2007

Castillos en el aire



No hagas castillos en el aire si no estas seguro de poder preservar el fortín, que los cúmulos no te cubran los ojos del alma y te hagan ver una alcazaba donde sólo hay nubes algodonales de apariencia de azúcar que se doblegan al viento como las velas de una balandra para terminar disipándose por doquier.

No hagas castillo en el aire de hoy para mañana, la cautela es la mejor elección, no subas las escalera de dos en dos peldaños, puedes tener un traspiés que te haga sucumbir y desprenderte de todas las ilusiones infundadas.

Si tu convicción es la creación de esta obra arquitectónica, toda una quimera, refuerza los vínculos que te unen al mundo terrenal y mundano, es un consejo de amigo…

viernes, 16 de febrero de 2007

Carnaval, Carnaval



Nuevamente estamos en el fin de semana donde se libra la batalla entre don Carnal y dña. Cuaresma, tal y como reza en el Libro del Buen Amor. Carnaval, también llamado “la fiesta de la carne”, pues llegamos al fin de semana más esplendoroso en la celebración de estas fiestas.

A pesar que me gusta más disfrazarme que a Bin Laden unas torres, nunca me he disfrazado en carnaval, me pasa igual que con el día de san Valentín, si tengo que demostrarle mi amor y mi cariño a alguna mujer, tengo 364 días para hacerlo. Como estamos en carnaval donde el disfraz es lo que prima, narraré unas anécdotas que me han sucedido con los disfraces y empezaré en orden cronológico.

Estábamos en el instituto mi amigo Ramón, mi amigo Eladio y yo, por aquél tiempo no imaginaba que pasados los años me enfundaría en la piel de uno de los personajes de comic que leía, sí Namor. Los tres tenores, digo los tres amigos solíamos acudir a cualquier fiesta de disfraces de la que teníamos conocimiento, solíamos confeccionarnos los disfraces y hacíamos una parodia los tres con música incluida, hoy en día podríamos tener hasta un programa cutre en alguna televisión.

Ese día había una fiesta en el instituto y se nos ocurrió a ramón y a mí travestirnos de enfermeras sexy, en realidad eran enfermeras más calientes que una perra. Yo al exclusivo estilo de Freddy Mercury, iba con un uniforme de enfermera muy cortito, los vellos de las piernas atravesaban la tupida medias blancas y parecían que estaban moteadas y mi pedazo de cofia en la cabeza, peluca bien “peiná,” cara maquillada y mi pedazo perilla poblada.

El show en aquella ocasión era operar a un enfermo, Eladio se ofreció por cohones, fabricamos una barriga falsa que rellenamos con todo lo que encontramos, cochecitos de hierro, despertador, gafas, etc. Cuando nos tocó participar, colocamos varias mesas en el centro de la pista cubiertas por una sabana blanca y Eladio sobre ella en pijama y con el tripón hinchado. Ramón me pasaría el instrumental y yo me convertí en cirujana jefe, todo al ritmo de la música.

Abrí, lo puse todo asqueroso de sangre falsa y comencé a extraerle todo lo que le causaba mal, arrojándolo por encima de mi cabeza. Con la emoción no me percaté lo que pesaba el dichoso cochecito de hierro y lo lancé también. Por muy poco no me tienen que llevar de esa guisa a urgencias porque al que le impacté con el cochecito, me lo devolvió con saña y me atizó en toda la cabeza, penos mal que el pelucón evitó que me hiriera.

Pasó el tiempo y nos enteramos que habría un concurso de disfraces en la famosa y desaparecida discoteca Pipper’s, nuevamente el trío se ponen a idear de qué se disfrazarían. Como en estos días, hace…, ufffffff unos años, se estrenó con muchísima popularidad Rocky con un joven y recio Silvestre Stallone y el campeón chuleta de Apollo Creed.

Ramón como era el guaperas, no le quitaba nadie el personaje de Rocky Balboa, a Eladio lo travestimos como una encantadora muchachita luciendo el cartelón de los rounds, encantadora muchachita en bañador luciendo unas orondas tetas, claro que más orondo era el paquete de abajo. Efectivamente, el contrincante malo, Apollo Creed, era yo.

Fabriqué una peluca blanca estilo George Washington, mi batín con abalorios varios y unas monedas, simulada que entonces ya estaba la vida “achuchá” y encima éramos estudiantes.

Con la música de la banda sonora entraba Eladio con un caminar sensual mostrando el cartelón, a continuación Ramón como un acojonado Rocky y por último yo arrojando monedas por doquier. Y comienza el combate, unos pasitos de danza pugilística y a cámara súper lenta deberíamos hacer la parodia que me golpeaba y caía.

Entre la banda sonora, la gente a nuestro alrededor formando el cuadrilátero y el nerviosismo, Ramón asumió tan bien el papel de Rocky Balboa que me soltó un crochet de derecha que parecía la coz de una mula y me impactó entre la mejilla y la boca, veredicto, KO técnico.

Sólo dos de las muchas anécdotas que nos pasaron al disfrazarnos, pero sería muy pesado continuar contándolas.

miércoles, 14 de febrero de 2007

En la noche



Se prometieron amor eterno entre las aguas opacas de un mar sereno, bajo la oscura bóveda de la noche, salpicada de diminutas estrellas resplandecientes como luciérnagas. La luna quiso ser testigo de excepción y se abrió paso entre unas nubes turbadoras.

Su amor era sublime, traspasaba las fronteras de su percepción, un sentimiento sobrenatural, se implantó en sus corazones como un injerto en un árbol frutal, siempre fluiría entre ambos la savia que los creó, haciéndoles permanecer unidos por muchas ramas que le podasen.

Él sustrajo una estrella del firmamento, la más pequeñita pero a su vez la más hermosa y la prendió en la cascada de cabellos claros que se desperdigaban por el cuerpo desnudo de su amada. Golpeó con su dedo las aguas tranquilas y tomó la onda que formó el círculo con una redondez perfecta y la acopló a su dedo anular formando el anillo más hermoso.

Pasaron los años, las promesas se desvanecieron, en ocasiones al llegar la noche, él acariciaba la superficie del mar, la caricia se trasmitía al anillo de agua marina que continuaba portando ella y hacía que se iluminara la estrella prendida de los bucles de sus cabellos y el corazón se le encogía porque la savia continuaba fluyendo por sus venas.

Para todos y todas las que celebráis san Valentín, felicidades en este nuevo 14 de febrero.

lunes, 12 de febrero de 2007

Asalto, (relato erótico)



La despertó un golpe seco, se encontraba sóla en la casa y no se atrevía ni a encender la luz, agudizó el oído por si volvía a escuchar algo anormal, el nerviosismo y la incertidumbre se apoderaba de ella, comenzaba a perder el control.

Eran unos pasos lo que había escuchado?, alguien había accedido al interior de la vivienda, buscó precipitadamente el teléfono móvil, pero lo puso a cargar en el salón y se le olvidó allí, encendió la luz, respiró profundamente y se mentalizó que debía salir coger el móvil y volver rápidamente a la habitación para encerrarse en ella y llamar a la policía.

Abrió sigilosamente la puerta, miró a todos lados, no observaba nada anormal, pero sentía que no estaba sóla. Desde el umbral de la puerta del dormitorio divisaba el teléfono cargando, debería recorrer un pequeño pasillo hasta llegar al salón, sólo varios metros, corrió hacia él pero al adentrarse en el salón sitió un fortísimo tirón de su larga y dorada cabellera, gritó pero sus gritos se ahogaron cuando una mano enguantada le tapó la boca, se resistió inútilmente, pataleó, golpeó con saña a su agresor pero aún así no se podía liberar de él que la tenía inmovilizada sujetándole férreamente los brazos y la boca.

La arrastró hacia la habitación y la arrojó con violencia sobre la cama, intentó defenderse arrojándole cuantos objetos tenía a su alcance pero no impedía detenerlo, parecía como si esa actitud agresiva de ella lo excitase aún más, una excitación que era visible. Esquivando los objetos que le lanzaba se abalanzó sobre ella, la atenazó entre sus piernas, llevaba un pasamontañas puesto advirtiéndose unos ojos verdes y unos labios carnosos, era toda la identificación de ese asaltante.

Extrajo de la cintura un cuchillo de monte con la hoja dentada en un extremo y se lo puso en el cuello conminándola a que depusiera su actitud beligerante y se sometiera a sus deseos. De uno de los bolsillos del pantalón extrajo unas esposas con las que la esposó al cabecero de la cama, con una especie de pañuelo le cubrió los ojos, una barba incipiente le raspó la mejilla, intuyó que al privarla de la vista se deshizo del pasamontañas, una voz quebrada le espetó en el oído que era suya y que se desahogaría con una putita como ella, la conminó a que no gritara mientras sentía el frío acero de la hoja del cuchillo rozar su cuello. El miedo se convirtió en pánico, la tensión la ahogaba.

Sintió como se le ceñía a los tobillos una cuerda que se le incrustaba en la piel y la forzaba a mantener las piernas abiertas. Agudizaba el oído para interpretar que estaba ocurriendo ya que el tiempo pareció detenerse una vez atada las piernas a ambos lados de la cama. El cuchillo se deslizaba desde el vientre hacia el cuello, la sierra del lomo de la hoja rasgaba tenuemente la piel provocando un enrojecimiento. La despojó del camisón cortándolo en dos y apartando ambas mitades a cada lado del cuerpo, la hoja se deslizó por el sexo haciendo jirones el diminuto tanga.

Una lengua exaltada y candente se abría camino entre unos labios vaginales vulnerables, al toparse con el clítoris lo mordió con saña al tiempo que lo acariciaba con la punta de la lengua. Unos dedos graníticos se aferraban a los pechos, atenazando por igual los pezones, un quejido lastimoso se escapó de su garganta mientras el agresor la penetraba con su lengua punzante.

En una fracción de segundo se acopló sobre ella, un miembro rígido se adentraba en su vagina sin delicadeza ni miramientos, al tiempo que la penetraba le mordía el cuello con ferocidad, se aferraba al pelo teniendo la sensación que terminaría por arrancárselo. Extrajo el pene y se retiró de ella, no escuchaba nada, no sentía nada salvo un olor intenso a sudor. Sorpresivamente la giró, había desatado el cordaje de la cama, los brazos se le cruzaron dolorosamente con el giro, tomándola de las caderas, le elevó las nalgas dejándola apoyada sobre las rodillas, volvió a sentir la lengua tórrida recorrer su sexo separando los labios en una ascensión hasta el ano inerme, lo lubricó bruscamente con la saliva y comenzó a penetrarla con apasionamiento, conforme el falo se adentraba nuevos gritos desgarradores profería ella.

No eran gritos, era la alarma del móvil, se despertó empapada en sudor, el camisón estaba intacto, lo subió comprobando que el tanga no tenía desperfecto alguno, pero advirtió que estaba mojado, se palpó y verificó que el sexo estaba húmedo y viscoso. No había sido más que una pesadilla, una pesadilla o quizás una fantasía?...

Silencio


Para no decir nada, la prudencia exhorta guardar silencio…

domingo, 11 de febrero de 2007

Héroes



Como un libro
que no sabes el final
y te asustas lo que lees
así la vida es.

Cuando naces
ya te expones al dolor
y de poco a poco con valor
logras crecer.

Y como libro el corazón
nos enseña que hay temor
que hay fracasos y maldad
que hay batallas que ganar.

Y en cada página el amor
nos convierte en luchador
y descubres lo común
no hay un héroe como tú.

Son muy pocos
que se arriesgan por amor
pero tu tienes la fe
y eso es todo.

No decaigas
que vivir es aprender
y no hay nada que temer
si crees en ti.

Y como el libro el corazón
nos enseña que hay temor
que hay fracasos y maldad
que hay batallas que ganar.

Y en cada página el amor
nos convierte en luchador
y descubres lo común
no hay un héroe como tú.

Sólo Dios
sabe donde y cuando
la vida será
lo has hecho bien
sólo con un sueño, sólo sabrás
sabrás vencer.

Y como libro el corazón
nos enseña que hay temor
que hay fracasos y maldad
que hay batallas que ganar.

Y en cada página el amor
nos convierte en luchador
y descubres lo común
no hay un héroe como tú.

Héroe, (Il Divo)

Estamos rodeados de héroes anónimos, héroes y heroínas, personas comunes, incluso para algunos pueden parecer hasta vulgares, pero día a día dan muestras de su fortaleza, de su sacrificio, de su entrega.

Todos estos héroes y heroínas no piden nada a cambio, ni se sienten seres extraordinarios a pesar de la heroicidad de sus actos, sin que signifique para ellos algo extraordinario, simplemente sienten que es la vida que les ha tocado vivir.

Conocí a una de estas heroínas, siempre con la sonrisa en la cara, sin una sóla queja, su amistad es muy apreciada para mí, su entereza me ayuda a reflexionar, su valor es encomiable, por lo que siento una gran admiración por ella.

Héroes y heroínas anónimos, despreocupados de su valor, sin que se les reconozca su fortaleza, animosidad y entrega. Héroes y heroínas que están ahí, junto a nosotros aunque no los percibamos.

Desde aquí, desde mi palacio de coral, bajo las aguas cristalinas de mi mundo de ilusión y fantasía, elevo mi voz para reivindicar la condición de héroe o heroína para tantas y tantas personas que el simple echo de continuar viviendo, es toda una heroicidad, y ojalá los dioses de la fortuna los colmaran de todos los parabienes.

Ruego



Si me encontráis soñando, os ruego que no me despertéis y me dejéis continuar con el sueño…

miércoles, 7 de febrero de 2007

El regalo, (relato erótico)



Los nervios comenzaron a aflorar a medida que se acercaba al restaurante donde habían acordado encontrarse, la entrega de un gran ramo de rosas blancas limó el nerviosismo inicial, un par de besos algo distantes y se adentraron en el local.

Largas horas de conversaciones desinhibidas donde fluían con total naturalidad, sueños, fantasías y deseos eróticos. La pasión los fue envolviendo paulatinamente por lo que decidieron estar juntos y liberar tanta pasión contenida.

La mesa que ocuparon se encontraba esquinada y algo distanciada de un grupo bullicioso de personas, mientras esperaban las consumiciones, se miraron fijamente mientras se aferraban las manos, miradas apasionadas que denotaban un anhelo contenido, una concupiscencia desbordante.

A los postres él sacó del bolsillo de la cazadora una pequeña cajita envuelta en papel de regalo y atenazándole las manos atrayéndola hacia él, se lo entregó manifestándole que aunque habían pasado varios días, ese era su regalo de cumpleaños.

Sorprendida y emocionada por comprobar que no se le había olvidado que semanas antes había celebrado su cumpleaños, rompió con nerviosismo en envoltorio, abrió la cajita, los ojos de él se clavaron como púas en los de ella, para percibir cualquier reacción, y ante el temor de un rechazo y malestar se precipitó a disculparse si había sido un regalo insolente.

Ella alzó la mirada y con una sonrisa pícara se levantó de la silla, se sentó junto a él, se le acercó al oído y le dijo que estaba ansiosa por probar el regalo, pero que fuese él quién se lo pusiera, mientras le comentaba esa circunstancia, le rozaba sensualmente la pierna con la suya, le acariciaba el cuadriceps hasta llegar a la prominencia de su entrepierna.

Tomó la cajita y extrajo de ella las dos bolas de látex asidas por un cordel, acercó su mano a la pierna de ella, con nerviosismo, mientras las risas, charlas y gritos de los comensales del fondo le provocaban un morbo inexplicable.

Le acarició la pierna, la falda la tenía todo lo alto que le permitía, el mantel ocultaba una situación impúdica y lasciva. Ella abrió las piernas para facilitar las caricias, él posó su mano en un sexo ardiente, lo acarició, unos dedos habilidosos apartaron el minúsculo trozo de tela del tanga y se abrieron paso a través de unos labios ávidos de placer. Un primer dedo introducido en la vagina dio la oportunidad a un segundo dedo que lo acompañase, incandescencia húmeda que denotaba una máxima excitación.

Extrajo los dedos y se los acercó a la boca, los chupó, los lamió mientras ella lo observaba con vehemencia, descendió nuevamente la mano, esta vez portando las bolas, sujetó una de ellas y escudriñó con ella la vulva hasta la gruta secreta y lubricada. Sin demasiadas dificultades la introdujo, profundizó lo suficiente para permitir alojar a la segunda. Un trozo de cordoncillo quedó en el exterior para posibilitar que se tirase y proporcionar placer.

Y tiró de él, al arrastrar las bolas y hacerlas vibrar, la sensación gozosa que sentía ella era irrefrenable, evitando ladeos delatadores, tímidos gemidos dejaba escapar, se aferraba con firmaza al brazo de él, debiendo cerrar las piernas tenazmente para contener la excitación desbordada que estaba sintiendo.

Tras el primer orgasmo liberó del cautiverio de telas comprimidas un miembro, recio, endurecido, lo acarició con parsimonia mientras volvía a experimentar una nueva sensación gratificante y gozosa. Se aferró con firmeza al mástil a medida que se intensificaba su fogosidad produciendo una excitación notable en él.

Las sacudidas aumentaban significativamente la velocidad, con la mano que le quedaba libre atenazó la de ella que sentía como le estaba provocando otro orgasmo, jadeos enmascarados, risas y gritos al fondo del salón y una eclosión viscosa que impregnó las manos de ambos.

Se ajustó el tanga sin extraer las bolas y abandonaron el local iniciando así una larga noche de pasión y frenesí.

lunes, 5 de febrero de 2007

Lágrimas



He vuelto a verter lágrimas mientras te hablaba, no me avergüenzo por ello, ni me abochorna el publicitarlo, ni me vilipendia en absoluto, todo lo contrario, siento dentro de mí como se acentúa mi hombría.

Recio como el roble, sensible como una rosa, creo que son emociones compatibles, sólo es cuestión de encontrar el equilibrio apropiado.

Sentimientos a flor de piel que hace resbalar gotas acuosas de sabor salado.

Ni la contención incrementará mi virilidad, ni el desahogo la disminuirá…

Sentimientos



A veces somos extremadamente obtusos referente a los sentimientos, nos cerramos inconscientemente, desaprovechando todo lo bueno sin buscar nuevas alternativas y en el fondo lo único que nos produce es dolor.

Tras un periodo de enamoramiento desmedido, desenfrenado, a veces hay una reestructuración, se produce una sustitución de sentimientos, el enamoramiento se traduce en una amistad profunda, sublime, excelsa, donde dicho enamoramiento simplemente cambia de imagen, manteniéndose incluso de una forma mucho más sólida, consistente, inalterable. Lamentablemente en demasiadas ocasiones nos negamos a reconocerlo, por ello este nuevo estado pretendemos exiliar, desdeñar, quedamos miope de vista, ciegos de mente.

Reconozco que soy el primero en haber querido ponerme una venda en los ojos, y no precisamente para jugar sexualmente, paradójicamente no me impedía la visión, sencillamente me distorsionaba la realidad.

Para los creyentes el único responsable de obrar así es el demonio, pero es un diablo particular y exclusivo, el demonio de la sinrazón, arbitrariedad, el diablo de la inconsciencia o la parcialidad. Una lucha sin sentido, un tiempo malogrado, frustrado.

Culpamos al destino, a ésta persona que nos ha hecho daño, aquél que me lo puede hacer, pero desde luego nos excluimos, nos retraemos en querer comprender que una cosa es la evolución, y esta no implica una nulidad. Cuando se produce una evolución es para mejorar, para fortalecer, jamás al evolucionar en algo se retrocede y se acaba con algo.

Llegados a este punto vuelvo a dar las gracias, pero esta vez mi agradecimiento es personificado, sí, te doy las gracias a ti, la luz que tantas veces iluminó mi camino, el viento que disipaba las nubes borrascosas, la fragancia que impregnaba mi piel y mis sentidos. Te doy las gracias públicamente por brindarme una nueva noche donde sueños, ilusiones y fantasías se hicieron patentes, fue un sueño inesperado volver a estar nuevamente conversando contigo como antaño, una fantasía sentir una vez más lo que tantas veces había idealizado, la ilusión se despertó al sentirte nuevamente conmigo con todas las sensaciones que produce.

Por todo ello, gracias Glauka…, sólo tú comprenderás a quién me dirijo con este nombre significativo.

Namor.

sábado, 3 de febrero de 2007

Enmudeció el teléfono




Incansablemente sonaba, las llamadas se prolongaban de día, de noche, alegrías, llantos, nerviosismos, ilusiones, desesperación.

Amores, sueños, fantasías, promesas, ilusiones y siempre por el teléfono. Acortaba las distancias, unía los corazones, seccionaba el olvido.

Pero un día enmudeció el teléfono, se acallaron las palabras, se terminaron los sms, se alargaron las distancias y se consolidó el olvido, la muerte de las llamadas telefónicas fue sintomático, definitivamente enmudeció el teléfono.

Viajando en tren, (relato erótico)



Abandonaron el vagón comedor y volvieron a sus asientos, comenzaba anochecer, las gotas de agua de lluvia impactaban sobre las ventanas y se deslizaban copiosamente por ellas. El traqueteo del tren les hacía moverse levemente, sólo varias personas se encontraban en ese vagón, el confort bien merecía el aumento de precio del billete.

La doble clavija del mp3 les permitió que ambos se conectaran y escucharas las canciones consensuadas por ambos, reclinaron el asiento y Gemma se apoyó en el hombro de Javi mientras se tapaban con una mantita a cuadros azules y verdes.

Javi la rodeó con su brazo y le acariciaba levemente la cabeza con los dedos, jugueteaba con sus cabellos, con la oreja que quedó expuesta a su tacto, Gemma a su vez lo tenía rodeado por la cintura con sus brazos, se había inclinado hacia él.

De las caricias en la cabeza pasó a acariciarles los hombros mientras se encontraba absorto en la música, ella extrajo la camisa del pantalón y pasó sus brazos por el interior de ésta, causando un pequeño escalofrío de Javi y es que a pesar de estar tapados con la manta, las manos de Gemma estaban frías como un témpano de hielo.

Entre las caricias y la música parecía que se quedaba dormida, se encontraba muy a gusto, pero una sensación más placentera aún comenzó a apoderarse de ella, las manos que acariciaban el torso y vientre de Javi pasaron a escabullirse, a ahondarse en el interior de los pantalones, Javi sonreía y la dejaba hacer mientras incrementaba sus caricias.

La punta de los dedos comenzó a rozar el sexo escondido de él, pero la opresión del cinturón y de los botones abrochados, impedía una mayor caricia, aún así comenzó a sentir la excitación de éste, como incrementaba su volumen implacablemente.

Javi se estiró todo lo que pudo intentando facilitar dicho agasajo, pero seguía siendo dificultoso por lo que Gemma con suma habilidad le desabrochó la correa y los botones del pantalón con una sóla mano. La aparición por el slip de un glande henchido, el roce y su libertad total indicaron la magnitud de la excitación que había alcanzado.

Las luces del vagón estaban bastante atenuadas, tan sólo el resplandor de las pantallas de los televisores y alguna luz de lectura lo iluminaban, la noche los cubrió y el tren avanzaba entre bamboleos.

Gemma se inclinó y acercó su boca a la férrea masa carnosa, sus labios atenazaron el miembro erecto, su lengua recorrió lentamente el glande y lo succionó, chupaba, lamía con voracidad. La mano de Javi se deslizó por la cintura de Gemma, se adentró en su falda hasta alcanzar el tanga que se incrustaba en sus nalgas, lo apartó para sustituir la tela por sus dedos, rozó, bordeó el ano, acarició el periné hasta encontrarse con una vulva caliente y humedecida.

Acarició la vagina, pero sólo le introdujo levemente los dedos, acariciándole todo el contorno, abandonó momentáneamente la gruta candente para proseguir el recorrido entre unos labios carnosos y se topó con un clítoris emergente y rígido, lo acarició con la yema del dedo circularmente.

Por la presión de los labios sobre el pene supo de la excitación de Gemma al igual que por la impregnación de los dedos, ambos necesitaban más. Ella se incorporó y se sentó sobre él, sentía como se adentraba todo el furor, se dejaron llevar por la excitación. La lujuria, la noche y el traqueteo del tren en su peregrinar.

Jadeos ensordecidos, tímidos gemidos, gritos contenidos pero mucha pasión expandida en el vagón del viejo tren.

Más allá del olvido



Se me olvidaros tus ojos profundos, se me olvidó tu mirada enloquecedora, se me olvidó tu cabello llameante, se me olvidaron tus labios lujuriosos.

Se me olvidó el sabor de tus besos, se me olvidaron tus calidas caricias, se me olvidó tu cuerpo armonioso, se me olvidaron tus pechos embaucadores.

Se me olvidó tu voz sensual, se me olvidaron tus jadeos voluptuosos, se me olvidaron tus gemidos gozosos, se me olvidó todo tu ser.

Pero cuando la oscuridad de la noche me invade, cuando entre la calidez de las sabanas en soledad me encuentro, pienso en ti, tu forma es etérea, volátil, abstracto, pero se que eres tu.

Quizás el corazón sigue siendo rebelde y se enfrenta con descaro y determinación a la mente, pero es indudable que más allá del olvido sigues estando tú.