lunes, 16 de julio de 2007

Malacatí


Ese día de agosto hacía una flama exagerá, el terrá hizo que a más de uno le diese un jamacuco, por eso me metí en un hondulón.

Me estaba jincando un calibre de Pedro, una pimporrá de cañaíllas, unos vitorianos y una buena pipirrana de hueva, una cachirolá que estaba de abutí. Había mucha rebujima en el hondulón por la parva. Mientras jincaba, mordía a tó el mundo, vamos que estaba al aliquindoi de tó.

A mi vera había un moromuza, el gachó estaba cantúo. Se le arrimó un andoba empistelao, na má morderlo me pareció parguelilla, el tío era mú cruo y esgalichao. Se arrejuntó con quea al marengo con una retahíla agilipollá.

El baranda lo tenía tó, mariquitasuca, camastrón y alpistalao. El marengo era cotúo, pero el parguela lo estaba hacharrando. Con el vacilón le dio un empellón en el yesqui y encima le trincó el núo.

El manúo arrengao lo trincó y le dio una garbañá que lo dejó entenguerengue, luego otra juplá má, fú, que capuana se llevó el julai y el tangay que se montó en el hondulón.

Yo seguí con mi calibre, mis cañaíllas, los vitorianos y la pipirrana, ahhhhhh y mordiéndolo tó.

Basque, catalá, galego, y porqué no andalú?. Este pequeño relato está formado con palabras del habla malagueña, aunque muchísimas son comunes al resto de Andalucía. Es cierto que muchas palabras del vocabulario popular malagueño han caído en desuso con el paso de los años, otras han sido olvidadas por la discriminación lingüística que impedía se enseñasen en los colegios.

Hace unos días me comentaban que los andaluces hablamos mal, respondí que efectivamente, hablamos mal por no hablar andalú…

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