jueves, 26 de julio de 2007

Invitados, (relato erótico)


A mediados de julio, un amigo suyo que pasaría unos días de vacaciones en su casa le preguntó si tenía inconveniente que lo acompañase una chica que había conocido semanas antes también en un chat como se conocieron ellos y estaba surgiendo algo más que una amistad entre ambos, aunque estaban en el inicio de esa relación.

Le contestó que no había objeción alguna, le brindaba su hogar para que fuese sólo o acompañado, también le hizo algún que otro comentario más o menos jocoso sobre si la amistad que había entre ambos era con derecho a roce, algo comprensible ya que pasarían las vacaciones juntos.

El aeropuerto era un hervidero de personas agolpadas a la salida de la sala de recogida de equipajes, personas esperando a familiares, amigos o simplemente empleados de agencia de viajes con los típicos cartelitos con los nombres de los clientes rotulados. El avión de su amigo llegaba con retraso, por lo que continuó observando el devenir de personas jubilosas, emocionadas y alegres que aguardaban o llegaban.

Nuevamente se abrieron las puertas automáticas de la sala y ante un nuevo tumulto de personas que la abandonaban entre sonrisas y saludos lejanos, reconoció a su amigo empujando un carrito con varias maletas, también él lo saludó en la distancia.

La sangre se le heló en las venas al percatarse de la acompañante de su amigo, gotas de un sudor frío descendían desbocadas por su espalda. El saludo efusivo estando distantes se transformó en incredulidad y aturdimiento cuando su amigo le presentó a su pareja. Un par de besos sin emotividad acompañaron el “…hola, ¿Cómo estas?.

Una vez acomodados en la casa, se marcharon a la playa que se encontraba en las inmediaciones. Ella se embadurnó de crema protectora solar y tras un ligero baño se cobijó bajo un parasol de los rayos incidentes del sol de agosto, protegiendo así la delicada y blanquecina piel. Los dos amigos continuaron zambulléndose en un mar tranquilo de aguas cristalinas. A pesar de las interpelaciones de su amigo sobre que le parecía su amiga, sus respuestas eran vagas y esquivas.

Esa noche se desplazaron a la feria que había comenzado un par de días antes, comieron exquisitamente, bebieron, alguno quizás en exceso y disfrutaron con las atracciones más vertiginosas y trepidantes.

Se despertó mucho antes de que despuntase el alba, curiosamente de la misma forma que cuando acudía a la ciudad de su amigo al encuentro de su amada. La habitación estaba en penumbras, tenuemente iluminada por el resplandor de una farola. Se giró y se topó con ella, la acompañante-pareja de su amigo, yacía en la cama desnuda junto a él profundamente dormida. No se sobresaltó ni se alteró al encontrarla allí tumbada, se incorporó y la observó detenidamente como dormía plácidamente. Siempre se había deleitado contemplándola como dormía, escuchando sus sueños.

Con los dedos de una mano jugueteó suavemente el cabello, la larga melena ondulada siempre le fascinó. Con la otra mano le acarició tenuemente el hombro, el brazo, las caderas y la nalga. Ella aún en un profundo sueño parecía sentir las caricias y esbozaba una sonrisa y algún arrullo. Acercó su rostro al cuerpo de la mujer, a pesar del tiempo, del olvido, ese aroma femenino era exclusivo. Posó sus labios en el cuello y lo besó suavemente al tiempo que su dedo índice circundaba la areola del pecho más próximo. Masajeaba el pezón y notaba como se endurecía progresivamente. Sutiles gemidos mezclados con palabras incomprensibles surgían de sus labios, inconscientemente se acercaba a él, aproximaba su culo a su miembro, abriendo ligeramente las piernas. Deslizó sus dedos por el terso vientre hasta alcanzar el sexo, su dedo corazón abría el surco de la vulva sintiendo el calor húmedo del interior, al alcanzar la entrada a la vagina, retrocedió lentamente hasta topar con el clítoris, lo acarició suavemente con movimientos circulares.

Los jadeos eran más intensos, las palabras más comprensibles y la presión del cuerpo mucho más fuerte. Sin modificar la postura que ambos tenían, le acercó el miembro excitado a la vagina y la penetró lentamente mientras el dedo corazón continuaba masajeando el clítoris y los besos aumentaban en intensidad.

Despertó, se miraron entre tinieblas, no hablaron, simplemente gimieron y se fundieron en un efusivo y prolongado beso que les hizo jadear al concluir. La giró y se colocó sobre ella, hundió las rodillas en el colchón para poder atenazarla con las piernas, entrelazaron sus dedos por encima de sus cabezas intentando fundirse en un solo ser. Las penetraciones eran lentas pero intensas, sentía como le llenaba toda la vagina al profundizar el falo erecto. Recordó que extraer el pene completamente para volver a introducirlo lentamente la excitaba sobremanera, por lo que una y otra vez la penetró de esa forma.

Una pasión desatada la forzaba a emitir gemidos enmudecidos, un primer orgasmo intenso. Las piernas bien asidas a las nalgas de él para ofrecerle toda la vagina y el ano expectante. Continuó penetrándola con pasión, con lujuria. El estrechamiento del ano le provocó un pequeño quejido al ser penetrado, pero al lubricarse paulatinamente y con la excitación producida al rozarle la vagina con el vientre, le provocó un segundo orgasmo. Atenazó los músculos consiguiendo que también él estallase vertiendo su esencia sobre el vientre y pechos de ella.

Sonó el despertador, la habitación estaba iluminada por el sol radiante de un nuevo día, se despertó de un profundo sueño con una excitación superlativa, unas gotas de líquido viscoso manchaban la sabana, pero entonces?…

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