
Dice el estribillo de una canción interpretada por mi paisano Javier Ojeda que las palabras sólo son palabras, sin embargo las palabras tienen un poder tremendo, conseguimos con ellas seducir, al oírlas o leerlas, embelesarse con ellas al cautivar los sentidos. Fascinan o camelan dependiendo de las intenciones.
Las palabras estremecen hasta llegar hacer temblar a quién las escucha o las lee, emocionan, conmueven, llegan a turbar la mente o al menos a inquietarnos en un momento dado. Con ellas enamoramos y nos dejamos enamorar, es el medio conductor para transportar todo el amor que sentimos por alguien.
Pero tienen un poder malévolo, dañino y pernicioso que llega a lesionar el alma causando aflicción y hasta dolor físico, sufrimiento, tristeza o pena, ofendiendo a la persona, lacerando el corazón y mutilando el espíritu.
En ocasiones el daño se causa precisamente por no decir una sola palabra, por una indiferencia manifiesta, frialdad y desprecio que llegan a causar más daño y tormento que las palabras ofensivas y lastimeras.
Por todo ello para mi las palabras son algo más, mucho más que simples palabras, son el bien y el mal, el amor y el odio, lo digno y lo ruin, lo hermoso y lo horrendo y sobre todo, el placer y el dolor…
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