
Estas Navidades a priori se presentaban como otra más, las ilusiones y fantasías de niño se desvanecen con la edad convirtiendo estas fiestas en días y noches normales. Sin embargo este año que advertía iba a resultar aún menos festivas para mí por distintas circunstancias, sufrió un giro radical al confirmar mi hermano que reside en la ciudad pirenaica de Jaca, que este año vendría a pasar las fiestas aquí, volvería a casa por Navidad como reza el anuncio del turrón. Tras demasiados años toda la familia volveríamos a reunirnos en Nochebuena.
La satisfacción fue mayor pensando en mis padres, que tendrían nuevamente a todos sus hijos junto a ellos. Cuando los padres tienen una edad avanzada, cualquier satisfacción se magnifica.
La situación era distinta a la imaginada, este año no sería una Navidad monótona.
Hace sólo unos días, una de las luces que se encienden y que incrementan su luminiscencia en estas noches navideñas, la luz que corresponde a una entrañable amiga comenzó a tintinear. La impresión era que irremediablemente se fundiría quedando apagada para siempre. Sería otra luz que se me apagaría de una persona estimada y querida. Con esta nueva opacidad, me crispé y me culpé por no ser capaz de mantener el perfecto y necesario mantenimiento para que estuviesen todas ellas radiantes e iluminaran la noche.
Sólo fue una bajada de tensión que se confundió con una avería, pero se pudo subsanar el problema y afortunadamente continuó encendida.
Un destello sorpresivo surgió de una luz que llevaba tiempo apagada, el polvo la cubría por completo al estar demasiado tiempo inactiva, pero tímidamente los filamentos comenzaron su incandescencia, mientras se elevaba hasta volver a su privilegiado lugar en el cielo iluminado, se sacudía el polvo acumulado para que al menos pudiera ser visible su débil luminosidad.
Estas a priorí anodinas navidades, han resultado ser las más iluminadas para mí de los últimos años. Desearía que fuesen así para todos vosotros.
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