Aunque sea extremadamente duro y resistente un objeto, si alguna fuerza llega a doblarlo, aunque sólo sea en una ocasión, por mucho que se enderece, que nos afanemos en restablecer su forma original, su estructura se verá dañada y ese doblez, permanece aunque sea de forma imperceptible.
Aún siendo el más solícito, pulcro y meticuloso, en alguna ocasión, aunque se trate de algo puntual, extraordinario, se puede provocar un desperfecto y aunque se repare perfectamente, no termina de subsanarse el daño ocasionado.
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