viernes, 2 de noviembre de 2007

Halloween y el puente festivo


Un año más vivimos en España otra tradición importada de los países anglosajones, como es la noche de Halloween. Antaño las calabazas únicamente se utilizaban en este país en cocidos o postres, pero ya se sabe como son las modas y por ello pasamos del Don Juan Tenorio, no confundir con el cantante de O.T., ese es Manu. Como decía pasamos de visualizar año tras año la celebre obra de Zorrilla la noche anterior al día de los difuntos, a este carnaval anticipado que es la noche de Halloween, y es que nos encanta disfrazarnos que cohones, aunque para algunos sólo hace falta las ganas de disfrazarse, sin necesidad de días específicos. Para otros son constantes y rutinarios los días de máscaras, bueno sólo en alguna ocasión se ponen una gomilla sujeta a la cabeza.

Pasada la noche terrorífica, más que nada por ver como se disfraza alguno o alguna, llega el largo puente de todos los santos. Un día señalado como otras tantas festividades, como una jornada con una dualidad elocuente, una fecha para el recuerdo y un día con marcado carácter económico.

Cuando se pierde un familiar o amigo, no se olvida jamás y no comprendo dedicar un día determinado a recordarlo, salvo por el motivo mercantilista del evento, por lo tanto obviaré ese aspecto, aunque pensándolo bien, acabo de quedarme sin argumentos para el post.

Bueno, una solución es personalizarlo, sí porqué no?, claro que dándole un enfoque distinto, mis recuerdos estos días no ha sido para los que marcharon. Estos días continúa algo bullendo dentro de mí, porque estas fueron durante cierto tiempo unas fechas ansiadas y con un sabor especial al menos durante unos años.

Incomprensiblemente, este año vuelve a ocurrirme que al alcanzar el puente festivo donde nos adentramos en el mes de noviembre, los recuerdos de un lugar que fue mágico por su significado. Un palacio de piedra que daba forma al palacio de coral de los sueños y lo hacía real.

En esa época, cuando llegaba la noche de Halloween, ya comenzaba mi transformación del príncipe de los mares a un príncipe humano con cierto grado de siniestralidad en determinados momentos al gozar atenazando entre los dientes un suave cuello hasta marcarlo profusamente embutidos en el mayor de los goces.

Fue en esa casona donde abandonaba este mundo real para poner rumbo a las estrellas de la imaginación y la fantasía.

Curiosamente cuando el tiempo me priva del recuerdo de una voz, de una mirada perturbadora, de unos ojos penetrantes, de unos besos sentidos, de …, de casi todo, se me activa el recuerdo de aquella hacienda convertida en una especie de santuario, puedo visualizar cada estancia, con sus pareces de piedra, el olor de la cera derretida por las velas que iluminaban determinados aposentos, siento el vapor producido al llenar la bañera con el agua caliente, la chimenea traicionera que repelía el humo de la leña ardiendo.

Recuerdos bien detallado que volverán a mí cada año al aproximarse esta noche de Halloween. De no cambiar la tendencia, estos recuerdos se reproducirán una y otra vez con total nitidez en contraposición con esos otros olvidados.

Como hacen numerables personas al llegar estos días dejando constancia del recuerdo con flores, también yo dejaré una rosa blanca sobre la cama de esa habitación de paredes de piedra ,vigas de madera y tenuemente iluminada.

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