domingo, 7 de octubre de 2007

El rey de la carretera II


Finalizó mi periplo recorriendo parte del país, al final no fueron 2.500 kilómetros los que recorrí, como iba sobrado la vuelta la alargué un poco más, algo así como 240 kilómetros de nada, por lo que el computo general de kilómetros realizados ascendió casi a 2.822.

El pasado jueves día 27 de septiembre daba comienzo el trayecto que me llevaría hasta la ciudad oscense de Jaca. Bien aprovisionado de abundante y buena música comencé el viaje en mi viejo trono tirado por 75 hipocampos, bueno caballitos de mar como corresponde a todo un príncipe de los mares.

Un día soleado y caluroso me acompañaba en el viaje, una vez todo a punto comencé a pedalear para recorrer mi particular vuelta a España. Como que os sorprendéis que comenzara a pedalear?, vamos a ver tenía que ir constantemente pisando el pedal del acelerador, en ocasiones los pedales del freno y del embrague, por lo tanto pedaleaba o no?

Ya en la autovía memoricé la velocidad máxima a la que debería ir, por lo que cuando se me iba el pie, comenzaba el chivato a vociferar: …”quillooooo, Fernando Alonso donde vas con las prisas?, anda machote levanta el pie del acelerador que puede aparecer un Ron Dennis vestido de verde y dejarte una felicitación”... Bueno en realidad es una traducción libre del piii, piii, piii que escuchaba de forma frenética cuando rebasaba el límite, pero a veces me costaba contenerme.

El primer avituallamiento llegó en Despeñaperros, parada oficial siempre que paso por ahí, es como si una atracción magnética me atrajese hasta allí y parar siempre en el mismo sitio. Mientras daba cuenta de un bocata y una coca cola, recordaba mi niñez y esas fantasías infantiles que tenía cuando atravesaba el desfiladero viajando con mis padres y observaba si algún perro se despeñaba por esos riscos.

Kilómetros tras kilómetros soportando un calor poco usual en esta época del año, me acercaba a la conclusión de la etapa con un pedaleo constante.

La mañana siguiente nos sorprendió, bueno me sorprendió a mí, mi hermano está acostumbrado a salir de casa y encontrarse los vehículos blanqueados por la escarcha. La próxima vez que suba a un campeonato organizado por mi hermano, creo que llegaré una vez montado todo el tinglado porque la verdad, las confianzas familiares dan asco por lo que te hacen currar, jajaja.

Nuevo día de calor, un cielo azul iluminado, completamente despejado de nubes, con una visión magnifica de la parte occidental de los pirineos nevados por las precipitaciones de la noche anterior. Comenzó el primer día de concurso, mi participación, bueno como no es importante mejor lo omito, jajaja.

Dos días más tarde, de nuevo cargo los bártulos en el trono y me despido de Jaca en otro día esplendoroso aunque más fresquito, mi siguiente etapa Igualada. Sinuosa y retrograda carretera en la parte oriental de la comunidad de Aragón, pero al adentrarme en la comunidad de Cataluña todo cambió y comencé a deslizarme por la autovía al igual que por una ola.

Una vez en Igualada conducía tras mis amigos los “mirindos” para ir a tomar algunas cosillas, estacionamos los vehículos en una plaza céntrica y una vez tomamos algo y conversamos largamente, nos dirigimos nuevamente a los coches y me encontré sobre el parabrisas una felicitación del Ajuntament D’Igualada impulsada por el vigilante número 0040.

Camino a Barcelona reflexionaba donde pasaría la noche, entonces atendí la canción que resonaba,…”caminito al hostal nos besamos en cada farola, era un pueblo con mar, yo quería dormir contigo y tu no querías dormir sola. Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres, y desnudos hasta el amanecer nos encontró la luna…, y empecé esta canción en el cuarto donde aquella vez te quité la ropa…”.

Me adentré en la ronda litoral, pero el subconsciente me jugó una mala pasada y me dirigí en dirección contraria a la que pretendía, es lo que ocurre cuando con frecuencia realizaba ese recorrido. Cambio de dirección en el corazón de Barcelona y me dirigí a Vilanova i la Geltrú, un pueblo con mar donde en las habitaciones de un establecimiento le quité a alguien la ropa en más de una ocasión, y permanecí nuevamente en una de esas habitaciones desnudo hasta el amanecer que me encontró la luna y un tórrido sol mañanero.

Calor y más calor al levantarme en Vilanova, me dirigí a Sitges donde volví a recorrer y a perderme por sus callejuelas como antaño, claro que esta vez no iba acompañado.

El calor no deseaba alejarse de mí y así anduve hasta casi cruzar la comunidad valenciana, el cielo se apreciaba oscuro en la distancia, en la comunidad murciana se cerró completamente dejando caer alguna que otra gota, pero al acercarme a mi comunidad andaluza apreciaba como se encadenaban los relámpagos iluminando un cielo oscurecido por el anochecer.

Como soy así de impredecible decidí continuar mi periplo por lo que dejé atrás mi domicilio y me dirigí hacia Algeciras, en el trayecto una densa niebla que casi se podía cortar con un cuchillo me engulló, estuve a punto de desistir y volverme hacia mi hogar que estaba a unos kilómetros, pero mi ardor guerrero me indujo a continuar. Atravesaba cauteloso la compacta niebla para darme de bruces con una tupida lluvia a la altura de Marbella, a pesar de la conducción pausada, al encontrarme en paralelo con otro vehículo, éste pasó sobre un enorme charco de agua y sobre mi parabrisas cayó una autentica ola que durante unos segundos me cegó por completo.

El miércoles día 3 de octubre finalicé mi particular vuelta a España recorriendo un total de 2.821’7 kilómetros, un deseo hecho realidad, ahora me falta ampliar el recorrido pero en autocaravana y cumplir un antiguo sueño compartido, sólo resta ponerse en marcha.



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