
A la vuelta de vacaciones la consulta de psicología del hospital estaba bastante concurrida, parecía que durante las vacaciones nadie sufría trastornos hasta acabar éstas y era cuando aparecían los achaques. Tras un par de horas de continuas consultas, reconocimientos, exploraciones y extender recetas e informes, el galeno le preguntó a su enfermera si aún aguardaban muchas personas en la sala de espera.
Restaba aún un número significativo de personas por entrar. Decidió entonces que se tomarían un pequeño receso y se estiró sobre el respaldo de su asiento, la enfermera se acercó a la mesa y se puso a ojear algo en el ordenador aproximándose al médico. Ella parecía embelesada con lo que hacía, pero solapadamente de acercaba rozando con su pierna la de él. Quería mostrarle una nueva página de internet donde solía entrar, una página de contactos sexuales donde estaba conociendo gente y se entretenía charlando en el chat.
Al abrirse la mencionada página el médico quedó absorto en lo que veía y sentía cada vez con más nitidez la presión que ejercía su enfermera sobre su pierna, habían salido en alguna ocasión a tomar alguna copa, pero nunca hubo nada más que eso. Desvió la mirada de la pantalla hacia la mujer uniformada con una falda corta blanca, una camisa azul y una especie de delantal con unos tirantes cruzados a la espalda que ocultaban unos pechos turgentes, medias blancas que estilizaban las piernas y cofia. Comenzó a fantasear con ella, soñaba despierto con retirar el delantal para desabrochar la camisa y acariciar los pechos que imaginaba tersos, suaves, con unos pezones erectos para poder chuparlos lujuriosamente.
En mitad del sueño acercó su mano entre las piernas de la enfermera, comenzó a acariciarle la parte interior del muslo, ella se giró y lo miró sonriendo. Abrió un poco más las piernas para evitar dificultar las caricias. Ascendió la mano por la pierna cubierta por la media hasta alcanzar el sexo. Ella apoyó las manos sobre la mesa y se dejó hacer, él retiró un poco la silla colocándose casi a la espalda de la enfermera. Le acarició las nalgas desnudas, apartó la diminuta tira textil que conformaba el tanga y con los dedos le acarició primeramente el ano, movimientos circulares en el borde, sin ahondar, simplemente rozándolo.
La excitación era más que notoria en él, su pantalón verde a pesar de ser holgado presentaba un notable abultamiento, ella descansó su cuerpo sobre la mesa apoyando los antebrazos con la palma de las manos hacia abajo. Los dedos del médico alcanzaron la vulva de la enfermera, se adentraron entre los labios vaginales humedecidos, acalorados hasta alcanzar su objetivo, la vagina, introduciendo el dedo corazón en ella, una vagina viscosa, ávida de ser penetrada.
El médico se levantó de su asiento situándose tras la enfermera, le levantó la falda, bajó sus pantalones, el slip y acercó el miembro rígido a la vagina de la chica. Apartó el tanga y comenzó a penetrarla lentamente mientras le desabrochaba la camisa y acariciaba los pechos pellizcando suavemente los pezones erguidos. El ritmo de penetración era constante, lento y profundo, el murmullo de la gente que esperaba en la sala los excitaba, tímidos y disimulados gemidos dejaba escapar la enfermera mientras él continuaba empujando incansablemente hasta escuchar una especie de quejido lastimero, no era más que los gozos enmudecidos de una mujer entregada completamente a él y que estaba consiguiendo un orgasmo.
La conminó a que se agachara y chupara el duro trozo de carne venoso, ella lo engullía con voracidad, tímidos mordiscos en el glande, lametazos con esmero, succiones prodigiosas que endurecía aún más un falo deseoso de explotasionar. Estalló y un líquido viscoso y blanquecino impactó en el rostro y labios de la hermosa mujer.
Nuevamente se abrió la puerta de la consulta y la enfermera con cara exultante reclamó a un nuevo paciente que se encontraba en la sala de espera.
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