jueves, 6 de septiembre de 2007

La muerte


Temida compañera, sigilosa vigilante que vas adjudicando lugar, día y hora para llevarnos a tu reino, un mundo desconocido, quizás por eso sea tan temido, pero a su vez tan expectante.

Causas miedo, pavor a pesar de acompañarnos desde la concepción, causar dolor, heridas que no llegan a cicatrizar porque no hay apósito ni medicamento que sea capaz de restaurar el daño infligido a familiares y amigos de los que arrastras contigo.

A pesar de las injusticias que puede haber en ti, hay que reconocer que eres incorrupta, no distingues entre humildes, ricos o poderosos, no pueden sobornarte con dinero, ni joyas o cualquier otra dádiva, el predestinado podrá resistirse, pero termina rindiéndose a tus pies.

He vuelto a escribir sobre ti, el día que se ha hablado insistentemente de ti en las distintas televisiones, si, ya se que es tema de conversación habitual y continuada, pero hoy veía los distintos noticiarios y otros programas en el abanico de televisiones que tenemos en España y he llegado a la conclusión que aunque para ti no hay diferencia entre clases, entre sexos, entre edades, nosotros si que nos encargamos de hacer distinciones de la muerte, cuando una persona se convierte en un cuerpo inerte, desposeído de vida, hacemos de unas muertes celebres y populosas y otras anónimas. Soy consciente que tiene el mismo paralelismo que la vida, personas populares y la inmensidad de personas anónimas.

En el día de ayer debieron fallecer muchas personas en todo el mundo, las noticias en España se hicieron eco de la muerte de varias de estas personas, una de ellas lo había conseguido todo, era el más grande en su faceta, consiguió fama, popularidad, aprecio y dinero. Otros tres hombres también murieron casi al mismo tiempo, debían de jugarse la vida a bordo de un barco pesquero para poder mantener a su familia sin grandes lujos. Uno es Luciano Pavarotti, los otros simplemente tres tripulantes del pesquero Nueva Pepita.

Mi más sincero reconocimiento tanto para el ilustre tenor, como para los sufridos pescadores de Bárbate, y extiendo dicho reconocimiento a todas aquellas personas que nos abandonan, justa o injustamente, pero que al nacer, sabemos que la muerte es ley de vida.

No hay comentarios: